Es innegable que Bryson DeChambeau tiene un talento natural para llamar la atención en redes sociales. Ahí están los números incontestables de su canal de Youtube con más de dos millones y medio de suscriptores. Sus contenidos, algunos realmente trabajados y brillantes, tienen enganchado a un público muy numeroso. Quizá por ello ha creído que la mejor manera de intervenir en el debate público que se ha generado sobre su futuro sea con una publicación en sus redes sociales pretendidamente ingeniosa. Es una foto de él, encogido de hombros, junto a un cartel de exit y con una pregunta interpelando al espectador: «¿Tú qué harías?»
Todo viene a cuenta de su todavía no renovación con LIV Golf y la oferta de retorno que le ha puesto el PGA Tour sobre la mesa y que caduca el próximo 2 de febrero. Las redes sociales, o lo que no son redes sociales, llámense barras de bar, restaurantes de casa club o mesas camilla de toda la vida, se han agitado una barbaridad con la posibilidad real de que Bryson DeChambeau, Jon Rahm y/o Cameron Smith puedan seguir los pasos de Brooks Koepka, quien dejó LIV Golf a finales de diciembre y ha aceptado ahora la propuesta del PGA Tour de volver a cambio de pagar cinco millones de dólares y renunciar durante cinco años al reparto accionarial que realiza el circuito entre sus miembros.
La pregunta del millón es qué harán Rahm, DeChambeau o Smith. El español, como contó Ten Golf este mismo lunes, no tiene ninguna intención de marcharse de LIV Golf. Algo muy raro tendría que ocurrir para que cambie de postura en los próximos 20 días. Se siente a gusto e importante en la liga saudí. Smith aún no ha dicho esta boca es mía, aunque los que le conocen apuestan porque no hará las maletas. El único que se ha pronunciado públicamente es DeChambeau y lo ha hecho con esa imagen explicada con anterioridad y que acompaña a este artículo.
Seguramente, la única intención de DeChambeau con esa imagen y esa pregunta no es otra que hacer una broma, jugar con sus seguidores, hacerse notar. Sin embargo, la cuestión que realmente atrona en la cabeza nada más ver su publicación es otra: ¿de verdad, Bryson, crees que eso tiene tanta gracia?
Es obvio que el golfista de California, doble campeón del US Open, sabe que tiene la sartén por el mango en cualquiera de las dos posibles negociaciones, pero, más allá del puro business, que recuerda en las formas a Donald Trump, parece una broma de muy gusto tanto desde el lado de LIV como del PGA Tour.
Si se marcha de la liga saudí, el vacile hacia el PIF y Yassir Al Rumayyan, que le colmaron de dólares en un momento donde no atravesaba precisamente por el periodo más fértil de su carrera, es tremendo. Al mismo tiempo, si lo que va a hacer es rechazar la propuesta del PGA Tour y seguir en LIV Golf, la publicación no se puede interpretar de otra manera que como una burla hacia el circuito americano. Se mire por donde se mire, no tiene gracia alguna.
Por supuesto que el futuro de Bryson DeChambeau es importante en el mundo del golf, pero absolutamente insignificante si echamos un vistazo a la actualidad que nos rodea. Está en su pleno derecho de apretar lo que crea conveniente y realizar cualquier maniobra que le pueda reportar más dinero en una negociación, pero seguro que si se estruja un poco más la cabeza es capaz de encontrar alguna respuesta más ingeniosa, divertida y, sobre todo, con más clase y estilo. No todo es el dinero. No sólo es el dinero.
Dicho esto, y tirando de sentido común, no sería de extrañar que DeChambeau anuncie en unas horas a bombo y platillo su renovación con LIV Golf. Lo contrario sería ir muy, muy, pero que muy, de sobrado.



