– Ben Griffin está disputando en el Memorial de Nicklaus el torneo 140 de su carrera en pruebas valederas para el ranking mundial. Hasta el 133 era un golfista más. Uno muy bueno, no nos engañemos, pero de esos cientos que viajan cada semana por debajo del radar. Van haciendo su trabajo, sumando, buscándose la vida, resolviendo temporadas en días más o menos inesperados. En definitiva, van viviendo (bien) del golf sin que sus historias interesen demasiado al mundo.
Sin embargo, desde su victoria en el Zurich Classic, su magnífica actuación en el PGA Championship y, especialmente, su gran triunfo en Colonial la semana pasada, Ben ha salido del cascarón y no está descubriendo los mundos de Griffin. Un tipo interesante, con discurso y que le da al coco. No habla por boca de otros ni se refugia en los lugares comunes. Merece la pena escucharlo.
Por ejemplo, afirma sin ningún tipo de duda que la victoria en el Zurich le ha cambiado la vida. «Totalmente. Siempre dije que cuando ganara por primera vez me liberaría mucho. Mi mentalidad no ha cambiado, pero me siento mucho más confiado en mí mismo ahora que sé que puedo lograrlo. Puedo apoyarme en momentos como los del Schwab o Zúrich con Andrew, donde pegué grandes golpes al final y conseguí ganar. Una vez que lo haces un par de veces, te libera para seguir haciéndolo. Sabes que puedes, así que sigues apretando», explica.
Uno de los aspectos más importantes en su evolución como jugador es su cambio físico. Ha mejorado de manera notable en esta parcela. Ha ganado nada menos que 10 millas de velocidad de bola en 365 días.
¿Y dónde se notan principalmente esos cambios que ha experimentado desde que ganó el Zurich? Pues Griffin descubre algo que a bote pronto puede parecer poco glamuroso, pero que quizá es lo que más afecta en el día a día a los jugadores que pasan de estar bajo el radar a ser de los mejores del mundo. «Mi primer año en el TOUR estaba en la categoría Korn Ferry, así que me tocaba jugar al final de los turnos, peleando con la puesta de sol y los greenes más pisados. En mi segundo año jugué más temprano, así que me levantaba a las 4 a.m. muchas veces. Ahora me toca una hora más razonable. ¿Es una ventaja? Un poco, quizás. Por eso lo hacen, para que los mejores tengan mejores condiciones. Es justo. El sistema del TOUR premia el buen juego y hay un gran premio al final del arcoiris si sigues apretando. Además, antes, salvo que tuviera suerte el fin de semana, no jugaba con los Scottie Scheffler o Rory McIlroy. Ahora sí. Antes siempre me tocaban los mismos, como Charley Hoffman o Beau Hossler. Lo hablábamos, era curioso cómo jugabas tres veces con el mismo en 10 semanas», resalta. Los mundos de Griffin. Un golfista alejado del lugar común que tiene muy claro lo volátil que puede ser el golf: «Alguien dijo que soy el golfista más en forma del PGA TOUR. Estoy jugando con mucha confianza, pegando la bola bastante donde quiero. El golf es cíclico, pero es muy divertido estar en un momento alto como éste, y quiero mantenerlo el mayor tiempo posible». Nada dura para siempre en este deporte, salvo que te llames Scheffler…
– Hablando de Scottie, su habilidad para convertir cosas complejas en simples es abrumadora. Dos ejemplos muy concretos:
Después del doble bogey del 10 reaccionó con dos birdies inmediatos en el 11 y 12. Le preguntaron por la mentalidad que demuestra de dejar atrás los malos momentos, no dejarse llevar por la frustración y le pidieron que revelara el secreto. «Por suerte hice el doble bogey justo antes de un par 5, lo cual siempre ayuda (con risas). No sé, ¿qué puedo hacer en el 11 que afecte lo que pasó en el 10? Si llego ahí y hago un mal swing porque estoy frustrado, me voy a frustrar más, así que mejor intentar hacer un buen swing. Es así de simple». Es así de simple. Se escuchan las carcajadas al fondo…
– Sam Burns firmó la vuelta del día con 65 golpes, una locura en este Memorial. Su gran motivación fue dedicarle una buena ronda a su caddie Travis, ya que era su cumpleaños. «Me había propuesto que hoy se pudiera acostar un poco más tarde», explicó. No estaría de más que el bueno de Travis cumpliera con más frecuencia años.
– Jordan Spieth remontó para pasar el corte. Asegura que está jugando bien, aunque no consigue que todas las parcelas del juego rindan bien al mismo momento. También fue sincero. «Tuve mucha suerte con el tiempo. Los que salimos más tarde nos libramos durante mucho tiempo de la lluvia y eso nos ayudó mucho». A la vista de su sinceridad, hay que hacerle caso cuando habla del tiempo que vamos a tener este sábado en la tercera jornada. Spieth advierte: «Va a soplar viento por primera vez en la semana y nos vamos a encontrar a un enemigo diferente, probablemente más peligroso». El parte oficial del PGA Tour habla de rachas de 25 millas por ahora… No está mal. Hablamos de casi 40 kilómetros.
– Las fuentes de la eterna juventud que inspiran a Justin Rose. Por este orden: Langer (fuera de catálogo), Stricker, Djokovic, Scott y Sergio. No nombró a Jiménez, pero simplemente porque no se acordó.



