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Las reflexiones de Collin Morikawa tras ganar el AT&T Pebble Beach Pro Am

Bola nueva, vida nueva

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No hay golfista que se precie que no cumpla un sueño cuando juega en Pebble Beach. Imaginen lo que puede suponer ganar allí. Collin Morikawa lo consiguió este domingo, después además de tres años de sequía y justo cuando espera el nacimiento de su primer hijo. Lógico que el hombre fuera un manojo de nervios y un torbellino de emociones aún después de levantar el trofeo. De hecho, una buena parte de sus reflexiones ante los periodistas minutos más tarde de ganar fueron caóticas y hasta inconexas en algunos momentos. Transpiraba excitación.

Y es que Morikawa no esperaba ganar esta semana. No era algo que se fuera cociendo a fuego lento, esas cosas que un jugador va percibiendo, esa mejoría constante, acercarse, ponerse líder, verse en un partido estelar… Nada. Ha sido algo que ha llegado casi de la noche a la mañana. Es más, cuando falló el corte en el Sony Open en el primer torneo de la temporada puso en duda todo lo que había hecho en pretemporada. «¿Qué he hecho? ¿He desperdiciado dos meses y medio de mi vida?», se preguntó junto a su equipo.

Le fueron algo mejor las cosas la semana pasada en el Phoenix Open, aunque tampoco fue para tirar cohetes. Acabó en el puesto 54º, lejos de sus expectativas. No estaba en su mejor momento anímico, por mucho que su equipo le repitiera que estaban en el camino correcto y que él hiciera un esfuerzo por creérselo. A este arranque mediocre del año hay que unir que venía del peor momento de su carrera, tal y como él mismo ha definido el final de 2025.

Así las cosas, qué ha podido cambiar en apenas unas horas para tener ahora esa sonrisa de oreja a oreja en su cara y un trofeo con el lustre del de Pebble Beach bajo el brazo. Pues la realidad es que no demasiado, más allá de un par de detalles técnicos relevantes. El primero tiene que ver con el putter y la historia que ya contó el sábado, cuando firmó la alucinante tarjeta de 62 golpes, de que se lo había quitado a Kurt Kitayama tras jugar una ronda de prácticas junto a él el viernes antes del Phoenix Open.

«Realmente íbamos Kurt, Min Woo Lee y el hermano de Kurt jugando. El putter lo llevaba el hermano de Kurt, aunque era de él. Empecé el día sin embocar nada. Estaba utilizando el mismo con el que ganó Nelly Korda una semana antes, pero a mí no me iba bien. Empecé a probar el putter del hermano de Kurt y las sensaciones fueron muy buenas desde el principio. Acabé pateando toda la vuelta con ese mismo palo y el lunes y martes de Phoenix no salí de la habitación del hotel y estuve pateando todo el tiempo… Quizá por eso tampoco me fue muy bien por allí», explica.

Dicho esto, tampoco parece que el putter le haya cambiado la vida. Tres de los cuatro días perdió golpes con el resto de jugadores y el único que ganó algo, muy poco, fue el sábado, cuando hizo 62 golpes. Ha terminado el 44º en esta estadística. Nada especialmente relevante. Esto nos lleva directamente a la siguiente clave técnica, ésta sí mucho más brillante…

Ocurrió el lunes antes del torneo. Morikawa estaba pegando bolas en la cancha de prácticas y las sensaciones, sin ser malas, no era buenas. Entonces, la gente de TaylorMade, su marca, le sugirió que probara una bola con menos spin. El cambio fue bastante radical desde el principio. «Hacía muchísimo tiempo que no tenía el control de la distancia que he sentido esta semana y en gran parte es por la bola. Tengo que darles las gracias por esa sugerencia. Incluso pese al viento, he estado muy cómodo».

Aquí sí los números refrendan esas sensaciones. Morikawa ha sido el mejor del torneo de largo en los tiros a green. Ha sacado casi diez golpes en este apartado a la media del torneo. Ha sido precisamente en esta parcela, su especialidad de siempre, donde ha recordar su mejor versión. La bola que ha utilizado es la TP5x de TaylorMade.

Por último, cree que ha sido un acierto el trabajo físico que ha hecho en pretemporada y que le ha permitido ganar unos cuatro kilos y medio. Claro que tras fallar el corte en el Sony Open no es que andase muy contento con este asunto. Ya saben que las cosas se ven de manera muy distinta cuando los resultados salen, por mucho que no se quiera pensar en ello. «He decidido que voy a disfrutar más con las victorias. Creo que no lo hice como debía cuando gané tan pronto los dos Grandes. Tengo que sonreír más. Antes ganaba y pensaba ya únicamente en el próximo torneo», explica. Para acto seguido asegurar: «El objetivo este año es ganar varias veces», pese a que venía de una sequía de tres años. Por eso, caótico pero absolutamente entendible.