
Sergio García, en este sentido, oculta más bien poco. Puede llegar a ser un libro abierto… Este año 2009, de momento, sólo le hemos visto en vivo y en directo en Doral (Miami). Llegó a decirnos a los dos periodistas españoles que allí estábamos: «lo que siento de verdad es que hayáis venido hasta aquí para ver esto». Se refería a su juego, después de entregar un 72. Ya pueden imaginarse que ese «esto» no era ningún desastre… Un mal día suyo puede valer perfectamente para pasar un corte el viernes en un torneo exigente.
Allí mismo, en Miami, finalizada una ronda de prácticas y después de comentar algunos buenos golpes de la jornada, nos interrumpía: «esto hay que hacerlo a partir del jueves, ahora no sirve de nada». En realidad, esta es una sentencia muy habitual en golf y en el deporte, pero créanme, lo que importa muchas veces no es lo que se dice, sino cómo se dice: su tono era ciertamente… sombrío.
El sábado firmó un buen 68. Su vuelta fue verdaderamente una montaña rusa: no cogía ni una calle, pero siempre volvía. Una y otra vez hasta doblegar al campo (no había podido hacerlo el jueves ni el viernes con dos tarjetas de par). Pegó golpes portentosos para recuperar, como aquel hierro 8 del hoyo 10 desde un bunker de calle a unos 140 metros de green, con la bola mal colocada en un contra-talud y enviándola a las nubes… Sin embargo, mientras repasábamos la jornada, libreta en mano, a él le costaba la misma vida sacar la lectura positiva del día. De un modo muy natural, con los pies bien anclados a la tierra y una sonrisa más bien triste, trataba de explicarnos que él no se veía bien, que no se encontraba…
No es ningún secreto que Sergio no pasa por un gran momento anímico, precisamente. Viene arrastrando desde hace una cuantas semanas un par de problemas que no le permiten sacar lo mejor de sí. Son cuestiones al margen del golf. El mismo nos los dijo en Doral y ha vuelto a repetirlo en Sawgrass esta semana.
Es bien conocido lo que pasó en Augusta. Estalló y después pidió perdón. Por eso queríamos contarles estos pequeños detalles, muy reveladores por otra parte, de la ‘trastienda’ de este magnífico jugador de golf y extraordinaria persona al que de vez en cuando le pierden las formas. Él no se esconde y comienza a entenderse: «hay cosas que haces en la vida y quisieras haberlas hecho de un modo diferente. Soy como soy y mi forma de ser a veces me beneficia y otras me perjudica. Es cuestión de controlarte un poco y hacer lo que debes», ha dicho ayer en Ponte-Vedra Beach.
Ustedes elijan. Nosotros creemos firmemente que el ‘Sergio García’ que define mejor a Sergio García es aquel que, después de dar unos pasos, se vuelve para decirte: «lo que siento de verdad es que hayáis venido hasta aquí para ver esto».


