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Las declaraciones de Justin Rose tras ganar el Fedex St Jude Championship

Los 45 y la teoría de los grandes números

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Justin Rose volvió a saborear la victoria en el PGA Tour este domingo en Memphis, imponiéndose en un emocionante desempate del FedEx St. Jude Championship, primer torneo de los playoffs de final de temporada. A sus 45 años, y tras seis temporadas sin clasificarse para el Tour Championship de East Lake, el inglés suma un triunfo que vale mucho más que el trofeo. Le devuelve a la pelea final por la FedExCup y confirma que, pese al paso del tiempo, sigue siendo capaz de vencer a los mejores. “Es realmente gratificante saber que el trabajo duro no está siendo en vano. Sentía que podía competir con los mejores del mundo y hoy he demostrado que puedo ganarles”, dijo con una mezcla de orgullo y alivio.

Más allá del valor inmediato —su 12º título en el PGA Tour y billete garantizado para East Lake—, esta victoria tiene para Rose un significado más profundo. La edad es sólo un número dice el tópico, para el inglés es así. Este domingo se convertía en el europeo de mayor edad en ganar en el circuito norteamericano. Es la enésima confirmación de que aún puede escribir capítulos importantes en su carrera: «Hay muy pocos jugadores que sean competitivos entre los 45 y los 50. Antes, esa franja era la sala de espera del Champions Tour. Pero creo que todavía tengo por delante un verano dorado en mi carrera. Momentos como este me lo confirman. Puede que no vuelva a ser el número uno del mundo, como en 2018, pero no necesito serlo si soy capaz de encontrar mi mejor juego en los momentos clave”. Ni sala de espera, ni intención de pasar a jugar con los mayores, a Justin Rose le queda cuerda para rato. Se daba por hecho que el Marco Simone sería su última Ryder Cup y estará en Bethpage como uno de los pilares del equipo.

Sea dicho que la semana no empezó bien para el campeón del US Open 2013. El lunes por la noche comenzó a sentirse enfermo, y el miércoles tomó la decisión de retirarse del pro-am para intentar recuperar energías: “El martes intenté practicar un poco, pero cuando caminé unos hoyos sentí que lo mejor era irme al coche y recuperar. En Filadelfia este año forcé en una situación parecida y acabé retirándome el sábado, así que aprendí la lección. Necesitaba llegar fresco al jueves”, explicó. El reposo dio resultado y abrió el torneo con un 64 que sentó las bases para todo lo que vendría.

Su ronda final, sin embargo, no fue un paseo. Partía a un golpe del liderato, con Tommy Fleetwood —uno de sus mejores amigos en el circuito— y Scottie Scheffler como rivales directos, además de un nutrido grupo al acecho. El arranque fue lento, sin apenas movimiento en los primeros nueve hoyos, pero en el 14 todo cambió. “En ese momento sabía que tenía que darlo todo, pero sin perder la calma. Me dije: ‘Es hora de ser valiente’. Con un hierro 6 aguanté el golpe contra la bandera, un tiro bastante arriesgado, y meter ese putt me dio el impulso que necesitaba”, recordó. A partir de ahí, encadenó birdies en el 15 y el 16, y en el 17 embocó otro putt clave que le colocaba en lo más alto.

En ese tramo, Rose aplicó una de sus filosofías favoritas, la que él llama la “teoría de los grandes números”. “Si los putts no entran, hay que seguir con la misma rutina y confiar en que, estadísticamente, tarde o temprano caerán. Hoy tuve que esperar bastante, pero empezaron a entrar justo cuando más lo necesitaba”. La experiencia es un grado, Justin tiene muchas batallas a sus espaldas y la paciencia de saber que si haces las cosas bien, es probable que los resultados lleguen.

El 18 le ofreció una buena opción de cerrar el torneo sin necesidad de desempate, pero su putt no quiso entrar. Spaun, con birdie en el 17, forzó el playoff. El hoyo decisivo se jugó tres veces. Rose, que nunca antes había pegado driver ahí, se sintió cómodo con esa elección toda la semana: “La forma en que estaba el viento me permitía cubrir la parte izquierda y dejarme un wedge cómodo. Esa posición era una luz verde para buscar birdie”. En la tercera repetición, con la bandera en una zona que conocía bien, ejecutó un putt con caída de izquierda a derecha que selló la victoria.

Lejos de celebraciones desbordadas como la mítica del hoyo 18 en el primer día de la Ryder de 2023, Rose vivió el triunfo con una serenidad poco usual. “Fue una victoria bastante estoica. Me mantuve muy calmado, un pie delante del otro, bloqueando todo lo que pasaba alrededor. Supongo que por eso, en el momento, no tuve ese subidón de adrenalina tan grande. Pero cuando vea la repetición me daré cuenta de lo emocionante que fue”.