No traten de entenderlo. Les estallará la cabeza. Max Homa falló el corte por cinco golpes la semana pasada en el WM Phoenix Open y ayer mismo, en la previa del Genesis Invitational, aseguró que jamás en su vida le había pegado mejor a la pelota. «Sé que estoy haciendo lo correcto y que por la razón que sea ahora mismo no le caigo bien al golf», sentenció.
Por contra, con la misma contundencia, señaló que no le gustaba nada cómo estaba haciendo el swing a finales de 2023, cuando fue de largo el mejor jugador de Estados Unidos en la Ryder Cup, conquistó la victoria en el Nedbank Golf Challenge del DP World Tour y estaba sólidamente consolidado en el top 10 mundial. Ahora es el 60º. «Sé que suena hilarante, pero es así. He tenido algunas semanas buenas en los dos últimos años, pero sin continuidad, ahora creo que estoy en el camino de algo mucho mejor».
Efectivamente, suena hilarante. El asunto es que Homa decidió hacer cambios a finales de la temporada pasada. Cuando acabó la Presidents Cup rompió con su entrenador Mike Blackburn, que también ha trabajado con Justin Rose, por ejemplo, y contrató los servicios de John Scott Rattan, director de instrucción de Congressional y coach a su vez de golfistas como Beau Hossler o Stewart Cink. Está trabajando por tanto en un nuevo swing y, además, le ha añadido un cambio en su equipamiento. Ha pasado de Titleist a Cobra. Muchos cambios y muy importantes en poco tiempo.
Homa no cambió de entrenador cuando acabó 2023, a pesar de que según sus propias palabras ya no le gustaba su swing. Lo hizo a finales de 2024 porque cayó más allá del puesto 30º del ranking mundial y cerró una racha de seis meses sin sumar un solo top 10. Sin embargo, este martes defendía que los resultados no deben marcar la línea de trabajo. «Sé que es difícil aislarse de los resultados, pero es lo que yo trato de hacer. Mi entrenador me dijo en Phoenix algo divertido y tenía razón: si sumamos todos tus golpes, has estado a sólo un par de metros de hacer dos o tres menos en lugar de cinco más. Este deporte es así», explica. Quizá, añadimos nosotros, es que son esos dos metros los que separan a los muy buenos de los mejores.
Es muy complicado meterse en la cabeza de los deportistas de alto nivel y tratar de entenderlo. El sentido común dicta que lo que manifiesta Max Homa no tiene ni pies ni cabeza, aunque por otro lado se entiende. Lleva tres meses trabajando con el nuevo entrenador y necesita reafirmarse cada día en que acertó con la decisión pese a lo que refleje la realidad. Es algo que funciona de manera habitual en la política y que se trata de adaptar tu discurso a lo que necesitas o quieres pensar, más allá de lo que realmente esté ocurriendo. Lo último que necesita Homa ahora mismo son dudas y desconfianza. Demasiado débil es ya su posición.
La moraleja de esta historia que tiene como protagonista a Max Homa, aunque podría haber sido prácticamente cualquier otro golfista, es si es antes el huevo o la gallina. Es decir, estoy haciendo mal el swing y por eso empiezan a venir los malos resultados o vienen los malos resultados y entonces decido que el swing que estoy haciendo es malo. Y al revés, me siento fenomenal con mi juego estos momentos y por eso llegan los buenos resultados, o vienen los buenos resultados y por eso le estoy pegando a la bola como nunca. De cómo se plantee la pregunta y la respuesta puede depender que la carrera de un golfista vaya hacia arriba o enfile una cuesta abajo y sin frenos.



