
Nico Echavarría (-20) ha conquistado este domingo su segunda victoria en el PGA Tour tras doblegar a Justin Thomas (-19) y Max Greyserman (-19) en una vibrante batalla final en el ZOZO Championship. El golfista colombiano de 30 años se sitúa en una nueva dimensión con este triunfo, nada que ver con el Puerto Rico Open que se llevó en 2023. Esto es otro nivel.
Echavarría se ha intercambiado los papeles con Justin Thomas en el Accordia Golf Narashino Country Club. A la hora de la verdad, en los últimos seis hoyos del torneo, pareció que el sudamericano era quien había ganado 15 torneos en el PGA Tour y dos Grandes, mientras que Thomas se asemejaba más un meritorio a la caza de la gloria. Al golfista de Kentucky se le vio nervioso, acelerado, excesivamente ansioso por reencontrarse de nuevo con un triunfo que se le niega desde mayo de 2022. Jugó muy bien de tee a green y las dejó de media más cerca que sus compañeros de partido estelar, pero el putt, después de un gran inicio con tres birdies en seis hoyos, se le congeló.
La diferencia entre Echavarría y Thomas estuvo en los greenes. No hay más. El golfista de Medellín embocó cuando lo necesitó, mientras que Thomas se hartó a quemar bordes. Hay que destacar la determinación con la que ha jugado Nico, con un gran putt de birdie en el 13, otro buenísimo en el 16 después de hacer un bogey realmente feo en el 14, jugando muy mal el hoyo, y una corbata cruel en el 15. En el momento del todo o nada, en el 18, jugó en modo campeón. Pegó una gran salida, una espectacular madera 3 a la que no le sobró ni 50 centímetros para alcanzar el green y dos putts para sentenciar con un birdie más.
Greyserman, como Thomas, tendrá que seguir esperando. Él para conseguir la primera. Por juego no parece que vaya a tardar mucho en estrenar su palmarés, pero tendrá que acostumbrarse a esas situaciones. Ha venido desde atrás con una tarjeta de 65 golpes y se ha quedado a las puertas. Ha llegado a ponerse líder en solitario con un birdie en el 14, pero justo ahí se le ha apagado la luz. Qué difícil es esto. En los últimos cuatro hoyos no ha vuelto a jugar bien. Ha ido sobreviviendo sin dejarse buenas opciones de birdie. Ha pagado el pato de quien no ha ganado nunca y siente esa presión añadida que le encoge el swing.
En otro tiempo, Thomas habría ganado este torneo por derribo. Rara vez se le escapó una presa de este calibre. Pero la confianza, la seguridad en uno mismo, no es un interruptor que enciendes y apagas a tu antojo. Debe encontrar de nuevo la comodidad en estas situaciones, volver a disfrutar de estar para ganar un torneo, como hacía antes. Ahora, de momento, sufre, como si le fuera la vida en ello, como si no fuera a tener otra oportunidad más en su vida.
Echavarría asciende a una nueva dimensión y ahora deberá demostrar si aprendió algo de su anterior victoria en Puerto Rico, pues los meses posteriores fueron muy malos. Falló 15 cortes en sus 17 torneos siguientes y no volvió a acabar entre los diez primeros hasta la victoria de hoy en Japón. Ganar le sentó mal. No lo digirió bien. Es la siguiente prueba de fuego de su carrera. Hoy ha demostrado que tiene lo que hay que tener para ganar con máxima presión. El siguiente paso será encontrar la consistencia para ponerse más en esas situaciones. De momento, gana dos años más de exención en el PGA Tour y jugará por primera vez el Masters de Augusta. Es el nuevo club de Echavarría.


