
Phil Mickelson ha recuperado su mejor juego. Hasta esta semana apenas había dado muestras de su clase…
Sobre todo en sus dos primeras apariciones en el Humana y el Farmers. Muy apagado y mustio. Errático y fallón. Todo lo contrario de lo que ayer mostraba en su querido Pebble Beach, para terminar llevándose pletórico el AT&T, entregando un 64 demoledor, muy brillante, explosivo, espectacular.
El asunto, por supuesto, tiene aún más valor (¿y morbo?) si tenemos en cuenta que Phil marchaba junto a Tiger Woods en la última jornada, ambos con algunas opciones de asaltar el liderato de Charlie Wi y por lo tanto la victoria final. Y hay que reconocer que el repaso del genio zurdo al Tigre ha sido de órdago.
Woods reconocía al finalizar que en su hoja de ruta tenía marcado llegar a un parcial de tres abajo en el día en los seis primeros hoyos para meter presión desde el inicio al líder… Pero tan solo fue capaz de producir un birdie en el hoyo 6, par 5, precisamente donde Mickelson hacía un fantástico eagle y cerraba un primer tercio de vuelta apoteósico, cinco menos en seis hoyos.
Por momentos daba la sensación de que jugasen ambos un duelo a match play, porque Tiger sintió de lo lindo el castigo a que le sometía el registro y la clarividencia de su oponente. El resultado fueron tres bogeys consecutivos del catorce veces ganador de 'majors' para cerrar los primeros nueve. Hay que tener en cuenta, además, que Wi había comenzado de manera desastrosa su última vuelta, con doble bogey en el hoyo 1 y dos bogeys más en los hoyos 5 y 6, así que desde luego la presión no venía del líder. Sino de mucho más cerca…
Tiger y Mickelson fueron la noche y el día. El primero volvió a mostrarse alarmantemente errático en los greenes, hasta el punto de fallar siete putts que estaban dentro de los tres metros de distancia. No es un dato que sea especialmente relevante en Pebble Beach, donde los greenes son esquivos y traicioneros, pero vuelve a revelar que Tiger no consigue todavía templar y mandar en la hora de la verdad. Phil, por contra, anduvo sublime con su viejo putter en las manos (es un regalo para la vista verlo sin el belly entre las manos y la panza…). Y también en las demás parcelas del juego, por norma general.
Como ya le ocurriera el domingo en Abu Dhabi, cuando además salió en el partido estelar, el Tigre también perdió en la jornada definitiva la eficacia con sus hierros. Ayer, sólo cazaba la mitad de los greenes en regulación.
Se ha llevado un palo muy duro. Su lenguaje gestual en el hoyo 18, con todo decidido, era expresivo. Con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el océano Pacífico, para fallar acto seguido un putt de birdie de menos de un metro (antes había pateado para eagle, eso sí) y dejarse un tiro de vuelta de casi dos metros…
¿Conclusiones? Pues en realidad la principal nada tiene que ver con Woods y sí mucho con Mickelson, que está de vuelta y que apunta con intención al Masters de Augusta, el 'major' que mejor se le da y el que más le gusta. A Tiger no cabe duda de que tenemos que seguir esperándolo, pero es muy cierto que aún no ha conseguido inflar su legendaria burbuja, aquella en la que levitaba sobre los greenes cuando de verdad se repartían los triunfos y la gloria.


