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Pura esencia Woods

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Tiger Woods (-9) ha ganado el Memorial en Muirfield Village. Otra vez, y ya son cinco. Aunque quizá sea ésta la que más le llene…

Por el momento de su carrera, que definitivamente parece relanzada, y por esas circunstancias concretas en las que parecía instalado su juego, demasiado irregular, falto de la magia de antaño, desbordante de ansiedad por momentos…

El domingo triunfante de Tiger en la casa de Jack Nicklaus ha recordado sin duda al mejor Woods. Pura esencia Woods, habría que añadir. Y todo se resume en un principio básico: se puede jugar un poco mejor o un poco peor, pero en los momentos decisivos el Tigre no perdona. Ese instinto asesino es lo que se echaba en falta en los últimos tiempos. Indiscutiblemente, e incluso contando con su victoria en Bay Hill, había perdido su aura imperial. Veremos qué ocurre a partir de ahora, porque si a Tiger le faltaba confianza, hoy se la ha llevado empaquetada por arrobas.

El catorce veces ganador de ‘majors’ mostraba más dudas que nunca en los greenes y alrededores. El trabajo con Sean Foley había cristalizado ya en un juego largo más que notable pero en las distancias cortas no era Woods. Sencillamente, no era él. No nos vamos a hartar de ver su aprochito por alto de este domingo en el 16 de Muirfield y puede que este golpe maravilloso (embocaba desde el rough, pegando desde una posición más que delicada) nos ayude a explicar de un modo casi infantil, por sencillo, la diferencia: lo que hace unas semanas, unos meses, incluso algún año, habría acabado en bogey, y quién sabe si en algo peor, esta vez fue birdie. Fin del torneo.

«Estaba en una posición complicada, con la bola mal colocada. Si me quedaba corto la dejaba en el rough, si me iba largo me esperaba el agua detrás… Ha sido una gran sensación ver la bola entrar», explicaba al finalizar. Y quién sabe hasta dónde puede llevarle este chispazo, este pellizco mágico… Después, en el 18, embocaba además un putt de dos metros para rematar la faena.

Por detrás, y ya absolutamente eclipsados, Spencer Levin (-5) y Rory Sabbatini (-7) quedaban sin posibilidad de respuesta. Levin no había sido capaz de espantar los fantasmas de Phoenix y su rostro era un poema. Lo fue durante toda la segunda vuelta de hoy, eterna para el menudo y gran jugador.

Al pie del green del 18 el gran Jack estrechaba la mano del campeón y en la instantánea del encuentro quedaban también retratados los 146 triunfos en el PGA Tour que suman entre ambos, 73 cada uno.

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