Ricky Castillo ya es ganador del PGA Tour. El jugador de Yorba Linda, California, conquistó este domingo el Puerto Rico Open con un total de 271 golpes, 17 bajo par, y un golpe de ventaja sobre Chandler Blanchet. Cerró la semana con una vuelta final de 67 después de haber construido el torneo con una regularidad notable: 68, 68, 68 y 67. Blades Brown terminó tercero, a tres golpes.
La victoria tiene bastante más miga de la que puede parecer a simple vista. Castillo no es un desconocido que haya aparecido de repente. Tiene detrás una trayectoria muy sólida. Fue una de las grandes figuras de la Universidad de Florida, donde acabó con el mejor promedio de golpes de la historia del programa, fue Freshman del Año nacional en 2020, tres veces All-American, cuatro veces All-SEC, miembro del equipo estadounidense de la Walker Cup de 2021 y campeón de la NCAA en 2023 con los Gators.
Su salto al profesionalismo también fue llamativo. En junio de 2023 ganó el Wichita Open en su debut como profesional y en su primer torneo del Korn Ferry Tour, convirtiéndose en el decimonoveno jugador en la historia del circuito en lograrlo. Aquello no fue una anécdota: fue la confirmación de que había jugador de verdad. En 2024 remató el trabajo terminando 26º en la lista de puntos del Korn Ferry Tour, dentro del top 30 que daba la tarjeta del PGA Tour para 2025.
Pero seguramente el detalle que mejor explica el valor de este triunfo está en lo que le ocurrió hace muy poco. A finales de 2025 se quedó a un solo golpe de conservar la tarjeta completa del PGA Tour para 2026. Le pasó en The RSM Classic, donde reaccionó con una vuelta final magnífica de 62, pero no le alcanzó. Ese golpe fue duro. Puerto Rico, por tanto, no es sólo su primera victoria en el circuito, también es una respuesta inmediata a una decepción importante, una manera de recolocarse en la élite por la puerta grande.
Hay además un detalle personal que ayuda a dibujar mejor quién es Ricky Castillo. Suele llevar un collar de conchas en recuerdo de su abuela, la persona que le ayudó a costear torneos cuando su familia no podía asumir todos los gastos del golf competitivo. No es un adorno cualquiera. Es una manera de acordarse de dónde viene. Y en una victoria como ésta, ese tipo de historias pesan.
En Puerto Rico no ganó desde el ruido, sino desde el control. Llegó al domingo en cabeza y no se cayó. Aguantó el pulso, evitó el desorden y remató el torneo con la suficiente claridad como para no dejar escapar una oportunidad enorme. El resultado le da su primer título del PGA Tour, un premio de 720.000 dólares y, sobre todo, una sacudida completa a su carrera.
En clave española, Eugenio Chacarra terminó en el puesto 21º compartido con un total de 279 golpes, nueve bajo par. Su semana tuvo una lectura clara: empezó mal, con 73 golpes el jueves, pero reaccionó con tres muy buenas tarjetas de 70, 68 y 68, para acabar dejando una actuación sólida y competitiva. No le dio para pelear por la victoria, pero sí para salvar el torneo con oficio y buen juego durante el fin de semana. Un buen resultado en su debut como profesional en un torneo regular del PGA Tour.
La historia de Castillo encaja bastante bien con una de esas lógicas del golf. Nada ha sido inmediato, pero casi todo ha tenido continuidad. Brilló en la universidad, ganó nada más estrenarse como profesional, se fabricó la tarjeta del PGA Tour por la vía del Korn Ferry, rozó el golpe de estatus definitivo hace unos meses y ahora ya tiene una victoria en el circuito grande. Puerto Rico no descubre a Ricky Castillo. Lo confirma.



