Aunque jugó el Zurich Classic of New Orleans hace un par de semanas, evento por parejas en el que estuvo acompañado por su gran amigo Shane Lowry, el Truist Championship que arranca este jueves en el Wissahickon Course del Philadelphia Cricket Club, el Flourtown, Pennsylvania, significa el regreso a la competición a nivel individual de Rory McIlroy después de coronarse ganador del Masters de Augusta.
Este miércoles, después de jugar nueve hoyos de prácticas en el día de ayer y otros nueve esta mañana, ha pasado por la sala de prensa para hablar de su momento actual. Y como se esperaba, muchas de las preguntas han estado relacionadas tanto con su triunfo en el famoso torneo de la Chaqueta Verde, con el que ponía fin a una larga sequía en los Grandes y completaba el ansiado Grand Slam, como a lo que ha hecho desde entonces.
«Nos fuimos toda la familia, Poppy, Erica y yo, primero a Londres para ver nuestra nueva casa, que llevamos construyendo un par de años. Fue divertido verlo. Luego pasamos el fin de semana en Irlanda del Norte. Quería ver a mis padres y a mi familia más cercana, y también a Michael Bannon. Fue increíble volver a casa. No quería ninguna celebración, intenté que fuera lo más privado posible. Solo quería ver a mis padres y a las personas más cercanas a mí, y pasamos dos días muy agradables».
¿Cómo de emocionante fue para McIlroy reencontrarse con sus padres después de ganar por fin el Masters? «Con mi padre, nunca me emociono tanto, fue genial verlo. Luego, cuando vi a mi madre, yo… sí, los dos estuvimos muy emocionados durante unos minutos. Como hijo único, tengo un vínculo muy fuerte. Soy afortunado, y sé que mucha gente siente lo mismo, que tiene un vínculo muy estrecho con sus padres, pero creo que, a medida que pasa el tiempo y me hago mayor, me doy cuenta de que no van a estar siempre ahí. Por eso significa aún más que hayan podido estar ahí para verme completar el Grand Slam y cumplir esos sueños».
A partir de ahí, al norirlandés le tocó casi por obligación a la rutina: Al volver tuve que jugar en Nueva Orleans nada más llegar, que fue una semana fantástica para la que no tuve que prepararme mucho y me pude apoyar en Shane. Y luego, la semana pasada… Michael Bannon estaba en la ciudad, así que estuvimos practicando tres días, lunes, martes y miércoles. Después tuve que estar otros tres días en Nueva York haciendo otras cosas. Así que cuando volví a casa, a mi rutina habitual, fue el domingo y el lunes, luego ya vine aquí… Ese periodo ha quedado atrás y estoy deseando que lleguen los próximos meses».
Respecto al Masters, no faltó la pregunta sobre la confianza que siempre tuvo en que algún día lo ganaría: «Siempre tuve esperanza. No es que fuera a presentarme en Augusta pensando que no podía ganar. Si alguna vez me sintiera así, iría a la Cena de Campeones y me pasaría la noche luciendo mi Chaqueta Verde, pero no jugaría. Sí, siempre tuve esperanza. Siempre sentí que tenía el juego. Y creo que, como todos vieron en los últimos nueve hoyos del domingo, se trataba de superar… No sé cuál es la frase correcta, pero derrotar a mi propia mente fue algo muy importante para mí y superar ese obstáculo. Mira, solo estoy contento de que haya terminado. No quiero volver a vivir nunca más esa tarde de domingo. Me alegro de haber terminado como lo hice y de que todos podamos seguir adelante con nuestras vidas».
Una de las ventajas para McIlroy con su triunfo en Augusta es que ya no le volverán a preguntar por su sequía ganando majors cuando compita la próxima semana en el PGA Championship o por el Grand Slam en un año cuando regrese al Masters: «Creo que hay varias cosas. Obviamente, me voy a sentir más cómodo y con mucha menos presión, y además vuelvo a un campo que me encanta. Solo tengo vibraciones positivas de cara a la semana que viene, con lo que pasó hace unas semanas y mi historia allí y lo bien que he jugado en Quail. Probablemten será un poco diferente. Probablemente no estaré tan nervioso como en los últimos años cuando he participado en grandes campeonatos. Probablemente estaré un poco mejor para estar con mi familia y estaré un poco más relajado. Creo que, en general, será algo positivo».
Ahora, esa presión se traslada a un buen amigo suyo, Jordan Spieth, que tendrá los próximos días la oportunidad de pelear por el ansiado Grand Slam: «Creo que es difícil para Jordan tener que hacerlo, tienes que volver al mismo torneo cada año, pero no al mismo campo de golf. Creo que es un poco diferente, es una situación un poco diferente para él, en lugar de que yo tenga que volver al mismo lugar cada año e intentar, supongo, hacerlo también. Por mucho que intentes ponerte en el estado de ánimo adecuado para intentar ganar el torneo de golf y dejar que todo lo demás suceda, está ahí. Consciente o inconscientemente, lo sientes. Se lo dije a la gente, lo peor que sentí el domingo en Augusta fue probablemente cuando hice el putt para birdie en el 10 para ponerme 4 por delante, porque pensé: ‘Oh, ahora no puedo fallar’. Existe esa presión. Sabes que no solo estás intentando ganar otro torneo sino que estás intentando formar parte de la historia y eso tiene un peso. Sin duda, lo he sentido en Augusta a lo largo de los años. Estoy seguro de que Jordan lo ha sentido un poco al llegar a cada PGA en el que ha tenido la oportunidad de hacer lo mismo».
Pero antes del PGA, llega este Truist en un campo nuevo para McIlroy, del que está «tratando aprender» y que le «parece una versión más pequeña de Oak Hill» ya que «no hay mucha estrategia desde el tee porque no hay obstáculos reales, sólo algunos búnkers de calle» porque «el rough no es muy alto y no supone una gran penalización». El reto será «asegurarse buenos segundos golpes e inetntar conocer un poco más los greenes» sin obsesionarse tampoco con ese palo por debajo de 300 yardas en el que trabaja para incorporarlo a su bolsa.


