Scottie Scheffler es, con permiso de Rory McIlroy, el mejor jugador de golf del mundo en la actualidad. Pero su mentalidad no es la de alguien que ya ha llegado a la cima y sólo busca mantenerse allí el mayor tiempo posible. Todo lo contrario. En la previa del Cadillac Championship que disputa esta semana en Doral dejó una idea muy reveladora: su obsesión por aprender y seguir creciendo, que se traslada incluso fuera del golf.
Esta semana puede servir como ejemplo de ello. En el Pro-Am del torneo, el Número Uno del mundo compartió partido con el piloto mexicano de Fórmula 1 Sergio Pérez, actualmente en las filas del Cadillac Formula 1 Team. Y no fue una conversación superficial, ni mucho menos… «Hablamos de cómo preparan los eventos, de su rutina, de cómo gestionan toda la temporada… incluso de cómo mueven el coche por todo el mundo», explicó Scheffler.
Para el estadounidense, este tipo de intercambios son oro puro: «Es una de mis cosas favoritas cuando estoy con atletas de otros deportes. Siempre puedes aprender algo». Y en su enorme curiosidad por conocer los entresijos de otras disciplinas deportivas, de las que siempre puede rescatar algo, no se limita únicamente a temas de preparación, gestión o rutinas sino que busca entender también cómo piensan y saber cómo entrenan y compiten los mejores del planeta en cualquier ámbito.
«Me gusta ver qué les hace diferentes, qué les hace funcionar», confesó tras su encuentro con Checo Pérez compartiendo ronda en Doral. Una curiosidad que no es nueva y que traslada también a observar a otros jugadores del circuito: «He aprendido muchísimo simplemente viendo y preguntando». Un proceso constante, que no se detiene ni siquiera después de alcanzar la cima del golf mundial y de haberlo ganado prácticamente todo en poco tiempo.
En un deporte donde las diferencias son mínimas, cualquier ventaja cuenta. Y Scheffler lo sabe. Desde rutinas físicas hasta preparación mental, pasando por gestión del calendario o recuperación, todo suma. Incluso ideas que vienen de disciplinas aparentemente lejanas. Porque, al final, la élite tiene puntos en común. Por eso el mensaje de Scottie es tan simple como poderoso: no hay techo. Ni siquiera para el mejor del mundo.



