Tony Finau (-9) firmaba esta mañana en el Memorial Park de Houston una tarjeta de 62 golpes, igualando una vez más el récord del campo (ya lo había hecho cuando ganó aquí la anterior edición de este Texas Children’s Houston Open), resultado que lo disparaba hasta el liderato en solitario en una segunda jornada marcada por el viento.
Ha soplado con fuerza, sobre todo en el turno de tarde, donde venía jugando un Scottie Scheffler (-5) más crispado de lo que acostumbra. Los gestos lo delataban, casi desde el inicio de la vuelta. No estaba cómodo, aunque en realidad estaba sacando adelante sin demasiados problemas otra vuelta más por debajo del par.
Es verdad que estaba fallando más calles y greenes que de costumbre, entre otras cosas por la acción del viento, que por momentos y según las zonas del campo, pegaba con fuerza (en el hoyo 4, por ejemplo, un drive bien empalado del Número Uno apenas llevaba la bola a 250 metros; en el mismo hoyo, el drive de Bathia se quedaba en 235 metros). Pero como a este hombre se le caen de los bolsillos los disparos brillantes y tiene tantísimos recursos, todo hacía indicar que iba a cerrar otra ronda en números rojos y, lo que es más importante, arrimándose lo suficiente a Finau, incluso como para salir junto a él en el partido estelar del sábado…
Y de repente, se producía un cortocircuito inesperado. Scheffler, que se subía al tee del 18 con un acumulado de dos menos en el día, fallaba luego el tiro a green y acto seguido andaba cerca de embocar para birdie desde el bunker, dejándose un putt de par de un metro y medio… Incluso fallándolo habría ampliado a 29 la racha formidable e histórica de rondas consecutivas por debajo del par, pero no sólo lo iba a fallar, sino que tampoco embocaba el de vuelta, desde apenas medio metro, para firmar una ronda al par del campo, con cinco birdies, tres bogeys y este doble bogey final en su tarjeta. No, no andaba cómodo, más bien todo lo contrario, irritado, casi enojado, y lo pagaba con un extraño desliz de concentración de última hora.
A ver, no deja de ser eso, un accidente, por más que haya puesto fin a una racha memorable. Pero va a necesitar un buen reseteo antes de salir a jugar mañana. No parece tan complicado de realizar: a pesar de todo, sus opciones de victoria siguen estando ahí; al fin y al cabo, a pesar del mal sabor de boca con el que se habrá ido al hotel, es segundo en la tabla.
Horas antes del patinazo del texano, Finau había abrochado su mejor actuación del año, exprimiendo las mejores condiciones de juego que han tenido los del turno matutino, puesto que el viento se fue levantando paulatinamente a lo largo del día. En el último tercio de su ronda, además, terminando por el hoyo 9, se descolgaba el de Utah con un recital de luz y de colores en los greenes: embocaba un putt de ocho metros en el hoyo 4, otro de nueve metros en el 6, otro en el 7, también desde unos nueve metros… Y en el 8, par 5, enchufaba desde fuera un chip para eagle. Poco más se puede añadir.
Jorge Campillo (+4) se ha quedado fuera del corte con una ronda de 74 golpes en la que ninguna parcela de su juego ha terminado de carburar bien. Hasta diez greenes fallaba el extremeño, que tampoco ha estado muy inspirado con las recuperaciones. Pese a todo, y comenzando su vuelta por el hoyo 10, un eagle fabuloso en el hoyo 14, embocando desde la calle y pegando a cerca de doscientos metros de la bandera, parecía relanzar sus opciones, pero acabaría imponiéndose la realidad de un día pestoso para el jugador español.
El belga Thomas Detry (-6) firmaba el mejor resultado de la tarde, un resplandeciente 64 en tales condiciones ventosas, pero era un novato como el argentino Alejandro Tosti (-7) quien se quedaba finalmente más cerca de Finau, a sólo dos golpes, rubricando su excelente ronda de golf con un birdie en el hoyo 9 (tarjeta de 67 golpes). En cualquier caso el torneo está apretadísimo: dejando al líder al margen, por detrás se apelotonan más de cuarenta jugadores en un margen de seis golpes. Además, mañana también se espera viento y este campo sigue confirmándose como un hueso muy duro de roer, mucho más en tales condiciones.



