El mensaje está escrito en coreano, vestido con uniforme de camuflaje y boina marine. No era el típico post de un golfista del PGA Tour. Nunca ha sido él alguien típico. Sungjae Im, uno de los jugadores más sólidos y metódicos del circuito americano, se despedía de tres semanas de entrenamiento en la 9ª Brigada de Infantería de Marina y anunciaba el siguiente paso: 544 horas de servicio comunitario que deberá compatibilizar con su carrera en Estados Unidos.
Detrás de ese medido post en redes sociales hay algo mucho más grande que un simple paréntesis en la agenda de un profesional: es la historia moderna del servicio militar obligatorio en Corea del Sur, de cómo el deporte de élite se mezcla con la geopolítica, y de por qué Sungjae ha tenido más “suerte” que otros golfistas coreanos que ya pagaron una factura durísima: Sangmoon Bae o Seung Yul Noh. La diferencia la marca el oro.
El oro que valía mucho más que una medalla
El punto de inflexión llegó en los Juegos Asiáticos de Hangzhou 2023. Corea del Sur se colgó el oro por equipos en golf masculino con un cuarteto donde brillaban dos nombres muy conocidos en el PGA Tour: Sungjae Im y Si Woo Kim.
En el medallero, el oro vale igual que cualquier otro. En Corea del Sur su precio es muchísimo más alto.
La legislación coreana establece que los deportistas que logran una medalla olímpica o una medalla de oro en los Juegos Asiáticos pueden acogerse a una figura especial: la de “personal de artes y deportes”. Se conoce popularmente como “exención militar”, pero técnicamente no es un perdón total. Es una especie de servicio militar alternativo: no desaparece la obligación, cambia la forma de cumplirla.
Para Sungjae, ese putt por el oro no solo cerraba un torneo, abría la puerta a seguir compitiendo en el PGA Tour sin el parón total de casi dos años que ya antes había frenado otras carreras
Tres semanas con los Marines en Jeju
El primer requisito para entrar en este régimen especial es pasar por un entrenamiento militar básico. En el caso de Sungjae, lo ha hecho en la 9ª Brigada de Infantería de Marina, en la isla de Jeju, una unidad con fama de dura y muy simbólica en Corea.
Durante tres semanas, Im ha vivido como un recluta más:
formaciones, instrucción con fusil, disciplina de cuartel, vida en barracones, ejercicios físicos y el mismo trato que cualquier joven coreano que se viste por primera vez de uniforme.
En el mensaje que publicó al terminar la instrucción, el golfista agradecía a los fans la preocupación, celebraba haber completado el curso sin lesiones y explicaba que ahora le quedan 544 horas de servicio comunitario, una tarea que quiere realizar “junto a las promesas”, es decir, trabajando con niños y jóvenes golfistas.
Hay un detalle que resume hasta qué punto se ha tomado en serio este compromiso y cómo ha cambiado su agenda: Sungjae ha renunciado a jugar el Hero World Challenge, el exclusivo torneo de Tiger Woods en Bahamas, para quedarse en Corea avanzando parte de esas horas de voluntariado y organizando clínics con chavales. En realidad, su objetivo es quitarse la obligación lo antes posible para poder dedicarse en cuerpo y alma a su profesión.
Qué es, en realidad, el servicio militar en Corea del Sur
Para entender la dimensión del caso de Sungjae, hay que mirar la pintura completa. Corea del Sur mantiene un servicio militar obligatorio desde hace décadas, en gran medida por la tensión permanente con Corea del Norte.
– Todos los hombres coreanos aptos, entre 18 y 35 años, están obligados a servir.
– La duración típica del servicio activo ronda: 18 meses en el Ejército y en los Marines y unos 20–21 meses en Armada y Fuerza Aérea.
Quien no va a una unidad de combate puede ser destinado a otras formas de servicio suplementario (servicios sociales, trabajos técnicos, funciones civiles…). Pero la idea central es clara: ningún hombre se libra de servir a la nación de una manera u otra.
Dentro de ese esquema, existe un grupo muy pequeño y muy mediático: los “arts & sports personnel”. De ahí salen futbolistas, pianistas, violinistas o golfistas, entre otros, que “se salvan” de una mili convencional gracias a una medalla.
Artes, deportes y 544 horas de servicio
¿Qué implica, en la práctica, para un deportista de élite entrar en esta categoría?
En lugar de pasar casi dos años a tiempo completo en un cuartel, el deportista realiza un curso básico de instrucción (como las tres semanas de Sungjae en los Marines) y pasa a un régimen especial de 34 meses en los que su trabajo principal es seguir compitiendo en su disciplina. Durante esos 34 meses debe completar 544 horas de servicio público, siempre vinculadas a su arte o deporte.
En el caso de un golfista, eso se traduce en: clínics y jornadas con niños y jóvenes, actividades formativas para futuras promesas, participación en programas públicos de deporte base, eventos de difusión y promoción del golf como actividad saludable. Es decir, no es nada. El Estado le pide al deportista: “sigue representando a Corea al máximo nivel y, además, devuelve algo a la sociedad a través de tu habilidad y talento”.
Si no cumple con esas obligaciones, el castigo puede ser duro: perder el estatus especial y verse obligado a hacer el servicio militar normal como cualquier otro.
La factura que ya pagaron Sangmoon Bae y Seung yul Noh
El caso de Sungjae contrasta con el de otros golfistas coreanos que no tuvieron la misma suerte.
Sangmoon Bae
Ganador en el PGA Tour, carismático y con una carrera muy prometedora, se encontró en una encrucijada cuando la administración militar le reclamó para el servicio obligatorio.
Bae trató de retrasar su entrada argumentando que desarrollaba su carrera en Estados Unidos, pero finalmente tuvo que regresar a Corea y cumplir casi dos años de servicio en unidades convencionales. Colgó los palos como profesional a tiempo completo y los sustituyó por uniforme, fusil y tareas militares. Dos años. Un mundo.
Cuando volvió al circuito, nada era igual: había perdido ritmo competitivo, ranking, exenciones y esa posición tan delicada que separa al jugador muy bueno del que entra y sale de los torneos. A día de hoy, su carrera nunca volvió al punto en el que estaba antes del servicio.
Seung-yul Noh
Algo similar vivió Seung-yul Noh, otro talento precoz del golf coreano. Ganador en Mayakoba en el PGA Tour y con un futuro brillante, también tuvo que detener su progresión para cumplir con la mili.
En su caso, el servicio militar se tradujo igualmente en un parón competitivo largo, pérdida de tarjeta y una reconstrucción muy complicada de su carrera a nivel internacional. Los resultados posteriores nunca reflejaron el nivel que había mostrado antes. Al menos de momento.
La diferencia de Sungjae
Aquí es donde el oro de Hangzhou y el régimen de “arts & sports personnel” marcan una diferencia abismal: Bae y Noh tuvieron que aceptar una desconexión casi total del golf de élite durante cerca de dos años. Sungjae Im, en cambio, ha realizado tres semanas de entrenamiento intensivo y ahora afronta 544 horas de servicio público repartidas en 34 meses, pero puede seguir planificando temporadas completas en el PGA Tour, con acceso a majors, playoffs y grandes citas.
El coste existe: menos tiempo de práctica, ajustes de calendario, obligaciones institucionales en Corea. Pero no es los mismo que dejar de competir casi por completo.
El golfista que nunca dejaba los palos… y que ha estado tres semanas sin tocarlos
En su mensaje tras la instrucción, Sungjae confesaba un detalle muy revelador: en los 20 años desde que empezó a jugar al golf en serio, nunca había estado más de tres días sin coger un palo. La disciplina casi obsesiva ha sido siempre su seña de identidad. Para alguien así, tres semanas en un entorno militar, con horarios estrictos, sin libertad para entrenar y con el golf reducido prácticamente a cero, son un choque enorme.
Él mismo admitía que, de cara a la próxima temporada del PGA Tour, tenía cierta preocupación por este parón. Pero enseguida matizaba: está convencido de que, concentrando mejor las horas de trabajo y aprovechando al máximo el tiempo de práctica cuando vuelva a Estados Unidos, recuperará su nivel.
Y añadía algo más profundo: quería ser un ejemplo de ciudadano coreano que afronta el tema del servicio militar de forma “elegante y orgullosa”, resolviéndolo de cara, sin intentar escabullirse, y sin esconder lo que debe a su país.
Más que un trámite: imagen, identidad y legado
Lo que está haciendo Sungjae Im no es solo una gestión inteligente de calendario. Es un ejercicio de equilibrio entre la presión de una carrera en el PGA Tour, el respeto a una obligación que en Corea se vive casi como un ritual nacional y la oportunidad de inspirar a una generación de niños coreanos que van a recibir clases, charlas y ejemplo directo de uno de los mejores golfistas del país.



