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Tiger, a contrarreloj

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Se acerca un empleado del TPC Sawgrass en un buggie, despacio, y susurra «Tiger, en el hoyo 12». Parece una contraseña secreta, pero se agradece la información. No es fácil ver al Número 1. Cuando apenas hay luz para ver la bola, el californiano ya está jugando. Ha salido por el hoyo 10 a las seis de la mañana, cuando las luces de la cancha de prácticas aún están encendidas. Juega junto a Pat Perez y J.J. Henry. Trabaja contrarreloj. Si sigue jugando como en Quail Hollow tiene todas las papeletas de perder el trono del golf mundial esta semana. Debe reaccionar. Sus primeras bolas no son buenas…

El drive le está dando problemas. En el hoyo 14 y en el 15 tiene que pegar dos. Los primeros habían terminado en un búnker, muy a la izquierda de la calle, y en los árboles de la derecha. Uno para cada lado. Lleva el gesto tenso, preocupado. Sólo se relaja cuando bromea con Perez, uno de sus buenos amigos en el circuito. Firma algún autógrafo y niega otros. Parece azar, nada estudiado.

En el hoyo 13, un par 3, vuelve a necesitar dos tiros. Va empapado en sudor porque la humedad es tremenda en esta parte de Florida. Tampoco se le ve demasiado brillante con los aprochitos alrededor de green. Sólo es martes por la mañana y hay tiempo para mejorar, pero no transmite las mejores sensaciones. J.J. Henry, a su lado, es un reloj suizo.

Sorprende la poca gente que acompaña el partido. Entre marshals, fotógrafos y policías superan en número a los aficionados, apenas unos 15, de los cuales tres son cazaautógrafos profesionales.

En el hoyo 16 ha metido el drive por el sitio, dibujando la calle, precioso. Puede ser un síntoma, pero no se percibe la confianza y autosuficiencia que acostumbra a destilar.

Estudia minuciosamente cada green. Mientras Steve Williams toma anotaciones, Tiger patea desde todas las posiciones posibles. Dos bolas cada vez.

En el 15 vuelve a caer en el búnker de calle desde el tee. Pega el golpe y se dirige a Steve Williams. No le gusta cómo está la arena. La bola se le ha quedado mal. «Ojalá no caigamos mucho en los búnkers», asegura.

Juega sólo los segundos nueve hoyos y se marcha en un buggie con su caddie. Los primeros nueve ya los jugó ayer junto a Jay Haas y Rod Pampling.

Lo dicho. No está cómodo…