Tiger Woods no olvidará jamás su primera participación en el Phoenix Open. Fue en 1997 cuando aún era un pipiolo y se presentaba al mundo con un hoyo en uno espectacular en el 16. Ayer regresó al torneo de Arizona catorce años después y tampoco le será fácil olvidar lo que ocurrió. Eso sí, por motivos bien diferentes. La expectación por ver a Tiger en su regreso a la competición oficial seis meses después fue casi tan grande o más que en aquella primera ocasión, pero eso sí de la euforia de entonces apenas hubo nada ayer. Más bien al contrario. La vuelta de Woods deja incertidumbre, inquietud y preocupación.
Tiger pasó las de Caín desde el tee y un auténtico calvario, nuevamente, alrededor de green. Tal y como le sucediera en diciembre en el Hero World Challenge, su torneo, Woods cometió errores gruesos en chips aparentemente sencillos. Alternó filazos con algún que otro salto de rana y no despejó ninguna de las mil dudas que puso sobre la mesa hace dos meses. Tiger comenzó con cuatro más en sus primeros cuatro hoyos y llegó a ponerse cinco más, prácticamente diciendo adiós al torneo a las primeras de cambio. Logró maquillar en cierto modo el resultado con un eagle en el hoyo 13, tras pegar el mejor golpe del día que dejó dado, y birdie en el 17, un par 4 al que se llega desde el tee. Finalmente, vuelta de +2, 73 golpes, que lo colocan a nueve golpes del líder, Ryan Palmer, y que le obligarán a firmar hoy una contundente vuelta bajo par si quiere pasar el corte. De momento, ha quedado establecido en el par.
Su desconfianza alrededor de green es tan grande que, incluso, se le vio aprochando más veces con el hierro 4 y el putter que con el wedge. Woods ofrece una explicación técnica a este desbarajuste. Con el nuevo swing que está trabajando con Chris Como ha cambiado el bounce de sus wedges y le está costando adaptarse a la nueva sensación. «Ya he pasado por esto otras veces. Estamos en pleno cambio de swing y es sólo cuestión de tiempo», señaló Tiger tras la vuelta.
Las noticias con el driver no fueron mucho más esperanzadoras. Es cierto que le pega más largo que antes, llegando a una media de casi 320 yardas en la primera ronda, pero otra cosa es la dirección. Sólo cazó cinco calles, su primera salida en el 1 se marchó al desierto y en el 15 se fue más de cuarenta metros a la derecha, provocando el primer momento de desesperación serio de Tiger.
Woods sigue sin despejar dudas, aunque bien es cierto que es su primera vuelta del año. Su desajuste con el driver parece más lógico y cuestión de tiempo, pero lo del juego corto resulta cuando menos extraño. Tras lo ocurrido en el Hero World Challenge hace casi dos meses, es llamativo que alguien como Tiger no haya puesto los medios necesarios para solucionarlo. Sea como fuere, hoy veremos la segunda ronda de Woods en Phoenix, donde luchará por pasar el corte.



