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Crónica de la victoria de Tommy Fleetwood en el TOUR Championship

Era de ley que Fleetwood ganara al fin, aunque la justicia en el golf nunca sea completa

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Tommy Fleetwood posa con el trofeo de ganador del TOUR Championship 2025. © PGA Tour
Tommy Fleetwood posa con el trofeo de ganador del TOUR Championship 2025. © PGA Tour

– Tommy Fleetwood (-18) ha ganado el TOUR Championship y por tanto es también oficialmente el vencedor de la 19º edición de la FedEx Cup. El inglés entregaba una tarjeta sólida de 68 golpes en la última ronda en East Lake para imponerse sin suspense, con autoridad, finalizando con tres golpes de ventaja sobre sus inmediatos perseguidores, Patrick Cantlay (-15) y Russell Henley (-15).

Seguramente habrá pocos sucesos en el golf actual que pongan tan de acuerdo a la mayoría como este triunfo del inglés: era de justicia que al fin ganara en el PGA Tour. Por varias razones. Porque es un gran jugador, en primer lugar. Porque además es un modelo a seguir en muchos sentidos: actitud, capacidad de trabajo, deportividad, humildad… Y naturalidad. Porque acaba de completar su octava temporada con los derechos completos de juego en el mejor circuito del mundo y el conjunto de sus registros en 164 torneos, potente, de enorme peso, pedía a gritos la guinda de la victoria.

Seis veces se había quedado Tommy a las puertas, segundo, y otras seis había terminado tercero. Hasta en treinta ocasiones había firmado un top 5 antes de cantar victoria al fin en la casa de Bobby Jones. Y Fleetwood siempre se había mantenido firme en su discurso ante la frustración de la derrota: a pesar de todo era mucho mejor estar ahí arriba, peleando, que ver los toros desde la barrera; por tanto, sólo se trataba de aprender, de levantarse sin drama alguno y de volver a intentarlo. Todo eso, de un modo u otro, decía. Y ha querido esta vez el destino recompensar tan larga e incierta espera con una victoria tan especial, la de los diez millones de dólares, la que deja más huella en el palmarés: Fleetwood es el quinto ganador europeo de la FedEx Cup.

Era de ley que ocurriera. Bravo, Tommy. Pero la justicia nunca es completa, ni en el golf, ni en el deporte, ni en la vida. Porque si en algo también estábamos todos de acuerdo, desde donde sale el sol hasta el ocaso, lo justo es que Scottie Scheffler (-14) hubiera sido distinguido de todas las maneras como lo que es, el mejor jugador del mundo y, por supuesto, de la temporada 2025. El formato es el que es y, por cierto, a Scottie le ha pesado. De alguna manera le ha afectado. Él, desde hace mucho tiempo, siempre sale a competir bajo un persistente run run, el de las más altas expectativas, pero parece que esta semana había algo más, una presión todavía mayor, probablemente la que él mismo se imponía. Era como si de verdad estuviera obligado a ganar. No sólo se esperaba que ganara, como en el PGA de Quail Hollow, como en el Open de Royal Portrush, como cada vez que él sale a jugar. No: es que esta vez TENÍA que ganar.

Sea como sea, después de un arranque en modo rodillo apabullante (vuelta de 63 el jueves) iba a sufrir desajustes muy poco habituales en sus formidables estándares: aquel viernes gris con los hierros y el putter en las manos; el pobre inicio de ronda del sábado; la bola fuera de límites en el hoyo 1 del domingo; o la bola al agua en el 15 en esta última jornada, donde definitivamente enterraba todas sus opciones. Porque el caso es que hasta ese punto había llegado todavía vivo, asomándose al horizonte de Fleetwood y de quien fuera, todavía amenazante. Pero ni siquiera el texano es inmune al descalabro en el momento más inoportuno, cuando el margen de reacción es casi inexistente. No ha llegado su sexta victoria del año y no lo ha hecho además en un momento realmente importante, culminante. Pero al final del camino, por escocido que se vaya a casa este gran campeón, el hecho quedará en una desagradable anécdota anter la magnitud de su obra competitiva, la que viene armando desde el año 2022. Y lo que le queda.

Para ganar al fin hay que ser muy bueno, en el PGA Tour y casi en cualquier circuito. Y Fleetwood lo es, desde luego. Pero además tienen que darse algunas otras condiciones, alinearse algunos planetas. Y también ha ocurrido: los principales ataques venían de las profundidades de la tabla (Hovland y Harman, sendos registros de 63 golpes) y ninguno de los rivales principales del inglés tenían su día. Cantlay arrancaba con bogey y doble bogey; Bradley amagaba con una gran carga que terminara de confirmarlo en la Ryder como jugador, además de gran capitán, pero al final su empuje se desvanecía; Scheffler iba y venía, demasiado incómodo en su infinita excelencia; y Henley tampoco encontraba el cambio de marcha definitivo, tal y como le ha ocurrido otras muchas veces a lo largo de su carrera (por eso es ‘sólo’ un crack, y no un mega crack del deporte de los catorce palos).

– Fleetwood tiene 34 años, espléndida edad que todavía lo sitúa en el inicio de una larga y fructífera madurez deportiva. Ahora ya sólo le queda el reto de los Grandes. Al menos uno que llevarse a la boca. Y la hormiga atómica, talentosa y trabajadora, terminará por llevar tal manjar a rastras al hormiguero. Encontrará, como siempre, la manera y la oportunidad.

Resultados finales del TOUR Championship