El Farmers Insurance Open, torneo de tronío del PGA Tour, comienza este jueves. El South course de Torrey Pines, el escenario en San Diego, California, es uno de los jardines de Tiger Woods, que ha ganado allí nueve veces, incluyendo uno de sus catorce grandes, el US Open de 2008, precisamente el último que se anotó el californiano, hace seis años y ocho meses.
Pero ya no se sabe qué puede ser peor o mejor para un Woods que parece desorientado. Hasta la semana pasada, al menos. Por un lado, debería sentirse a gusto en uno de sus campos preferidos, pero es posible que ante la desconfianza que todavía muestra en su juego y posibilidades, esta circunstancia se acabe volviendo en su contra. Si ya no soy capaz de rendir aquí…
Este campo, además, no está para muchas relajaciones ni para perdonar a quien llegue con lo justo. No olvidemos que el año pasado fue el tercer recorrido, par 72, más duro del circuito americano, sólo por detrás de Augusta National y del Trump National Doral, con una media de 73,79 golpes.
El morbo en todo caso está servido, por supuesto. Porque Tiger, además, necesita buenos resultados para meterse en el primer World Golf Championship del año. El gran campeón, no obstante, debe estar pensando más en el Masters de Augusta, en llegar de verdad a punto al primer grande de la temporada. Ahora mismo, ningún analista en Estados Unidos le da siquiera como favorito de segunda línea. Y resulta normal después de haber firmado su peor resultado como profesional en su última ronda de competición.
El torneo verá también el retorno de Dustin Johnson a la competición tras su retiro o sanción (que cada cual elija la versión) de seis meses. Evidentemente, y con casi la mitad del top-50 mundial en la nómina de participantes, los candidatos son múltiples y variados.
Gonzalo Fernández Castaño va a tratar aquí de recuperar poco a poco la buena senda, aunque sea asimismo en un torneo y un escenario donde las pasó canutas el año pasado, el de su estreno como miembro de pleno derecho del PGA Tour.



