
El año no ha hecho más que empezar, pero la historia de Kyle Stanley tiene todas las papeletas para convertirse en el drama más cruel de la temporada…
No es fácil que se repita un desenlace tan inclemente como el de ayer en Torrey Pines, en la última jornada del Farmers Insurance Open.
Situamos la escena. Stanley, dominador del torneo desde el primer día, se planta en el hoyo 18, el más fácil del campo el domingo, con tres golpes de ventaja sobre Brandt Snedeker. Su exhibición ha sido abrumadora. Ha llegado a tener siete golpes de renta sobre el segundo durante la jornada final. Tanto es así que, mientras Stanley está jugando su último hoyo, Snedeker concede una entrevista a la televisión para comentar que está más que satisfecho con el segundo puesto y que poco más se ha podido hacer con la actuación que ha tenido el líder. “Estaba demasiado lejos”, apunta. De hecho, en el tercer hoyo de la vuelta final llegó a ponerse a nueve golpes.
Sin embargo, sucede lo inesperado. Stanley pega su tercer golpe en el hoyo 18, un par 5 defendido frontalmente por un lago. Es un tiro corto, cómodo. La única preocupación es controlar el efecto de retroceso para evitar el agua, algo similar a lo que ocurre en el 17 de Valderrama.
Stanley pega el golpe. Aquí, a sus 24 años, comienzan los 17 segundos más angustiosos de su vida profesional (ver vídeo). La bola bota detrás de la bandera y empieza a retroceder, primero con fuerza, después lentamente, poco a poco… Por momentos parece que se puede quedar enganchada en el pelado rough que bordea el lago. Pero no. Sigue bajando hasta caer irremisiblemente al agua. “Oh”, exclama Snedeker en televisión. 17 segundos desde que golpea Stanley hasta que la bola cae al agua.
Es un revés, claro está, pero la situación sigue bajo el control de Stanley. Pegará su quinto golpe después de dropar. Le vale con un doble bogey para cantar victoria por primera vez en el PGA Tour. Esta vez no se la juega. Se pasa de bandera unos doce metros y su primer putt se queda corto a un metro del hoyo. En este momento cae sobre sus hombros toda la presión del torneo y, sobre todo, de lo que ha pasado unos segundos antes. Falla el putt y tiene que salir al desempate.
Snedeker no se lo cree. Stanley, menos aún. Juegan primero el hoyo 18 y lo empatan con un birdie. Pues sí, era el hoyo más fácil del domingo. Ahora toca el 16, un par 3. Stanley coge green, a unos 15 metros del agujero. Snedeker, no. Necesita la recuperación y la hace embocando un buen putt de par. Stanley, sin embargo, vuelve a tripatear. Falla el de par desde poco más de un metro. El torneo es para Snedeker. Su cara es un poema. La de Stanley, más aún.
Su historia pasa a formar parte del 'cajón de los horrores' del golf, de la leyenda negra. Además, es la segunda vez que le ocurre, aunque la primera no fue tan dramática. Llegó con ventaja al 18 en el John Deere Classic y acabó cediendo ante un sensacional Steve Stricker.
Es un palo muy duro. Stanley acabó destrozado entre lágrimas. Ni siquiera, las palabras de Snedeker sirvieron de consuelo. “Lo que ha ocurrido es una locura. Mi corazón está con Stanley. Me siento fatal por él. Nunca quieres ver que alguien le pase algo así, pero se trata de un jugador increíble y no su potencial no tiene límites. Espero que esto no le haga mucho daño y que gane pronto”, afirmó.
Stanley apenas pudo articular palabra. “Estoy en estado de shock. No es un hoyo duro. Podría jugar mil veces y jamás haría un ocho. Sé que volveré”, afirmó con la voz entrecortada. Desde luego, talento tiene para aburrir. Sólo falta comprobar cómo encajará lo que sucedió ayer y cómo le afectará la próxima vez que se ponga para ganar un torneo.


