
Haas conquista el Northern Trust en un apasionante desempate frente a Mickelson y Bradley
Bill Haas, Phil Mickelson, Keegan Bradley, Jonathan Byrd y Dustin Johnson se estaban jugando la victoria en el Northern Trust Open al tiempo que al otro lado del campo, a lo lejos, se estaba produciendo un terremoto, una terrible sacudida.
De las profundidades de la clasificación emergía una fuerza de la naturaleza que aún no había dicho su última palabra. No estaba invitado a la fiesta. Nadie contaba con él. Pero daba igual. Estaba decidido a meterse a codazos en la pelea. Como fuera. Era Sergio García.
El español, como todos los que no aparecían de inicio el domingo en el radar, salió por el hoyo 10. Arrancaba con +2, a nueve golpes de los líderes, sin hacer mucho ruido. Sin embargo, poco a poco la locomotora empezó a coger velocidad. Sergio quería salir en los mapas y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, aunque pareciera imposible.
El primer aviso llega en el 11, el primer par 5. Sergio conecta un misil desde la calle y deja su bola a menos de tres metros para eagle. Dentro. Primer cosquilleo. El temblor ya se empieza a sentir en Riviera en el hoyo 15, uno de los más difíciles del campo californiano. García impacta un soberbio hierro 4 a 206 yardas del hoyo (unos 190 metros). La bola bota a cuatro metros del agujero y rueda directa a la cazuela. Bombazo. Igual no lo celebró como el primer gol que consiguió con su equipo de fútbol en la Liga hace siete días, pero poco faltó. El de Borriol se colocaba cuatro bajo par en el día en seis hoyos y sin necesidad de hacer birdies. Magia.
Aquel eagle ya resonó entre los líderes, aunque seguía sin preocupar demasiado… No obstante, la máquina ya no iba a parar. Era el día y había que exprimirlo. Sergio lo sabía y se lanzó a tumba abierta. Nuevo birdie estelar en el 16. A menos de dos metros. El mejor golpe del día en este traicionero par 3 que arruinó las ilusiones, por ejemplo, de Byrd y Jarrod Lyle. En el 18, otro de los cocos del recorrido, nuevo hachazo desde Castellón. Sensacional birdie desde el collarín de green. Se pulía los nueve primeros hoyos en 30 golpes. Aquello empezaba a ser un terremoto en condiciones…
Nuevo birdie en el 1, mientras los líderes se marcaban de forma tan estrecha que ninguno rompía el marcador… Y Sergio subía. Aún pudo ser un eagle, pero su bola pasó rozando el hoyo. ¿Tres eagles en diez hoyos? Si alguien puede hacerlo es García. El aliento del español ya estaba en la nuca de los adversarios. Aquellos ecos del inicio de la vuelta eran ya potentes toques de corneta.
García afrontaba el tramo más duro del recorrido y ahí todo el protagonismo fue para el putt. Embocó dos tubos impresionantes en el 3 y en el 6. A cual más largo. Dieciséis y doce metros. Hala. También fallaba dos cortitos para par en el 4 y en el 7. Menos de dos metros. Si hubiera metido esos dos habría salido a jugar el desempate. Pero bueno, nada que achacar. Insistimos en que venía de meter dos canutazos imposibles. De hecho, el putt del hoyo 6, criminal, cuesta abajo, quedará para los archivos del torneo como el golpe del día. Además, para ser justos, también hay que decir que metió uno para par en el 8 de cuatro metros. Unos por otros. Si los mete todos, más que golf es playstation.
Las pizarras mostraban ya a un nuevo enemigo con el que nadie contaba. Y el pulso temblaba. Sólo aguantaron los más fuertes. Naufragaron Byrd y Johnson. Sergio acababa de colocar un magistral 64 en su tarjeta. Insuficiente para llevarse el trofeo, pero sobrado para merecerse toda la gloria de la jornada. La mejor vuelta del Northern Trust Open 2012.
García consiguió dejar a todo el mundo con la boca abierta, pero aún le quedaba al torneo una maravillosa vuelta de tuerca. Un extraordinario desempate. El hoyo 18 de Riviera, una de las postales más bonitas de la temporada de golf, fue escenario de un deselance increíble.
Haas hizo birdie en el 17 y par en el 18 y colocó un -7 ganador al que tenían que llegar Mickelson y Bradley, que jugaban en el último partido. Ambos estaban con -6 y lo lógico era pensar que conseguirían el birdie en el 17 (último par 5). Pero ayer no estaba el día para lógicas en Riviera. Par para ambos y a jugársela en el 18. Y de qué manera.
Dos salidas estraosféricas y dos remotas opciones de birdie tras dos buenos hierros, aunque no excelsos. Mickelson, desde el collarín, a casi nueve metros del hoyo. Bradley, a poco más de cuatro metros. 'Lefty' emboca. El público, literalmente, se revuelca de júbilo por el antegreen. Algarabía. Magnífica escena. Bradley, impasible, felicita a Phil chocando el puño antes de patear. Y emboca. Sí, el chico que ganó el primer Major (y único) que ha jugado… Nervios de acero.
En el primer hoyo de desempate, ninguno tiene una opción muy clara de birdie. La más factible es la de Keegan Bradley, pero se le escapa por muy poco. Hay un segundo hoyo de playoff. Juegan el 10, un par 4 corto al que se puede llegar desde el tee. Los tres se meten en problemas. Haas renuncia a la bandera en su segundo tiro y se deja un putt de birdie lejano de unos ocho metros. Mickelson y Bradley, desde el rough y el búnker sí buscan el trapo. La bola de Phil está imposible y acaba en el búnker. Bradley hace una sacada soberbia y se deja un putt de birdie de unos cuatro metros.
Todo parece abocado a un tercer hoyo de playoff. Pero Haas reescribe la predicción. Emboca su putt. En realidad, era el único de los tres que aún no había celebrado por todo lo alto un putt largo. Se lo merecía. Mickelson y Bradley fallaban y el torneo se iba para el actual campeón de la FedEX Cup.
El Northern Trust concluye como un magnífico preludio de lo que nos espera esta semana en el WGC Accenture Match Play. Y lo mejor de todo, Sergio García, cuarto ayer, llega en plena forma.


