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Una buena película de suspense con final feliz

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Ken Duke, Chris Stroud y Bubba Watson fueron los tres actores principales de la bonita película que se vio ayer en la última ronda del Travelers Championship. La trama tuvo de todo: acción, emoción, suspense, drama, espectáculo y alguna lagrimita.

Empezamos por el final feliz. Así somos, destripamos la historia, aunque no por malvados, sino convencidos de que ya han visto cómo acaba. Efectivamente, ganó Ken Duke. El primer cuento de Navidad del PGA Tour 2013 en pleno mes de junio. La historia bonita.

Duke es un veterano del golf norteamericano nacido en Arkansas y curtido en mil batallas. Tiene 44 años y se pasó a profesional en 1994. No obstante, no se instaló en el PGA Tour hasta 2007, tras un breve y fallido paso en 2004. Todo parecía que llegaba tarde en su vida deportiva. Tiene la imagen de un anti-héroe, regordete y bonachón. Un tipo que ha rozado la gloria en muchas ocasiones, pero que nunca había sido capaz de ganar un torneo del PGA Tour. El típico jugador que seguramente habrá escuchado en más de una ocasión “ojo, Ken, ten cuidado, porque se te pasa el arroz”.

Pues bien, Duke se quitó ayer de un manotazo todas las etiquetas de jugador perdedor que le han colgado en los últimos años con una extraordinaria victoria de las que dejan huella. No en vano, se ha convertido en el ganador primerizo del PGA Tour más veterano desde Ed Dougherty, que ganó en 1995 con 47 años. Curioso, un año después de que Duke se pasara a profesional, cuando ni siquiera podía soñar con que algún día jugaría en el PGA Tour.

El bueno de Ken logró su victoria tras imponerse en el segundo hoyo de desempate a Chris Stroud, el otro protagonista principal de está película que también buscaba su primer triunfo en el circuito americano, aunque en su caso con apenas 31 años. Era una buena historia, pero bastante peor que la de Duke. Stroud no lo puso fácil. Fue un dignísimo compañero de reparto. De hecho, en el 18 embocó un chip impresionante de birdie desde fuera de green para forzar el desempate. Y en el primer hoyo del playoff metió un putt de casi dos metros para seguir vivo. Como el malo que cuando ya crees que está muerto-muerto saca una mano y te agarra el tobillo. Pues igual.

En el tercer 18, segundo del desempate, ya nada pudo hacer. Duke encontró al fin la calle y la dejó a tres palmos para birdie. Tirazo sensacional y victoria al bolsillo. Llegó el momento de la emoción y las lágrimas. “Nadie sabe lo que he luchado y trabajado para conseguir esto. La semana pasada, coincidiendo con el US Open, tuve unas duras sesiones de trabajo que se han visto reflejadas en esta victoria”, explicó con la voz entrecortada.

¿Y Bubba Watson qué pinta en este thriller?, se preguntarán. Pues el bombardero zurdo es el actor secundario fundamental que debe haber en toda buena película, el personaje clave para que la historia tenga sentido, aquel sobre el que se produce el giro decisivo de la trama. La victoria estaba en su bolsillo tras conseguir un magnífico birdie en el hoyo 15, un par 4 corto. Quedaban sólo tres hoyos y el ganador del Masters de 2011 tenía dos golpes de ventaja. Todo parecía decidido.

Sin embargo, al guión le quedaban aún varias páginas. Bubba mandó al agua su bola en el hoyo 16 (par 3). Se quedó corto. Sí, el mayor pegador del mundo, no alcanzó el green y se mojó. La paradoja. Miró con incredulidad y cierto desagrado a su caddie, como si se hubieran equivocado de palo. Saldó el desastre con triple bogey. La película cambió y Duke se llevó el Óscar.

Resultados Finales