No ha cumplido aún los 21 años y Aldrich Potgieter ya sabe lo que es levantar un trofeo en el PGA Tour, lo hizo hace apenas tres semanas en el Rocket Classic. El joven sudafricano es, sin duda, una de las irrupciones más deslumbrantes del golf mundial en 2025. A su pegada salvaje, es el jugador que más lejos la manda en todo el circuito, le acompaña una madurez impropia de su edad. Potgieter atiende a Ten Golf desde Escocia, donde se prepara para su segunda participación en The Open.
Reconoce que no llega en el mejor momento físico tras una gira intensa. El sudafricano tuvo que retirarse del John Deere Classic después de arrastrar un agotamiento acumulado desde su victoria. «La semana anterior fue muy larga, y el calor en Illinois me pasó factura. Dormí más de 30 horas en dos días y no me sentía con fuerzas para seguir. No quería forzar antes del Open y decidimos parar», confiesa con total naturalidad.
Su hoja de ruta está clara y preparar bien Royal Portrush es la prioridad. A pesar de no superar el corte, el Genesis Scottish Open ha sido un test útil: «Después de casi dos años sin jugar golf de links necesitaba volver a sentir el viento, el suelo firme, esos rebotes raros. Hay que cambiar ajustes incluso en el material: estamos mirando los bounces de los hierros, porque aquí cuesta más levantar la bola”, explica.
Y eso que levantarla, lo que se dice levantarla, lo hace como nadie. Con 1,87 de estatura, Potgieter combina una potencia descomunal con una velocidad de palo inusual incluso para los estándares modernos. Recuerda el driver más largo de su vida: “Fue en Denver, con altura, llegué a medir un drive de 345 metros, que hizo un total de 400. Es cierto que la altitud ayuda… pero fue bonito verlo”, recuerda entre risas. “Esta semana Ryan Fox me ha pisado un par de veces. Se lo ha pasado genial dándome caña por eso”.
Detrás de cada swing hay mucho más que pura fuerza. Hay una base atlética que se fue construyendo desde la infancia. «Jugué rugby y lucha libre. Eso me ayudó a conocer mi cuerpo. Cuando me pegó el estirón, supe cómo moverme, cómo mantenerme estable. Yo no era el típico niño que crece de golpe y es un poco torpe, creo que haber jugado muchos deportes fue clave”.
Desde pequeño, Potgieter fue “el chico que le pegaba más fuerte a la bola”. Es el propio golfista quien confirma la sensación que transmite de que golpea la bola con toda el alma: «La mayoría de las veces probablemente la pego al 90% de energía. Siento que cuanto más fuerte y comprometido estoy en hacer un buen swing, mejor lo golpeo. Si estoy intentando encontrar un fairway o intentando ir más suave, la mayoría de las veces eso no me funciona». Potgieter siente que debe ir a por todas y así lo hace.
Eso sí, sabe que eso no es suficiente para competir con los mejores y por eso no se limita a los palos largos. De hecho, atribuye su victoria reciente en el PGA Tour a una mejora clave: «Mi juego con los hierros fue decisivo. Fallé menos greens, dependí menos del juego corto y me di más opciones. Si sigo así, sé que puedo competir con los mejores”.
El ejemplo de Brian Campbell es una clara muestra de la importancia de los hierros. El norteamericano es el golfista que va más corto desde el tee de todo el circuito y le ganó a Potgieter en el playoff en México, un campo que precisamente está pensado para pegadores: «Brian es un gran jugador. Jugué con él un poco en el Korn Ferry el año pasado también. Patea muy bien, juego corto y hierros, y no falla una calle tampoco, así que nunca va a salir y tener un mal día. Así que siempre va a poner cuatro rondas buenas en la mesa cuando juega, así que creo que eso lo hace realmente bueno. No falla». Dos estilos contrapuestos que, sin duda, se complementan.
Sobre su modo de entrenar y el ver el golf, Aldrich no se considera un jugador muy moderno. Los datos son importantes, pero el feeling lo es todavía más: «Obviamente, tienes que estar mirando las estadísticas para ver dónde puedes mejorar, pero afortunadamente tengo un equipo alrededor que puede guiarme a través de eso para no quedar atrapado en ello. Sólo necesito saber cuál es mi objetivo, a qué distancia está y de dónde viene el viento. Definitivamente diría que soy más de sensaciones que mirar el swing todos los días y no mirar demasiados números, intentando golpear el tiro, no intentando hacer que ocurra un tiro.
Reconoce también una asignatura en la que está trabajando: «He tenido que aprender cómo chipear desde un rough que en Estados Unidos es mucho más grueso. Hay muchas cosas que aprender en tu primer año, especialmente viniendo a América y jugando allí por primera vez a través del Korn Ferry, así que creo que eso mejorará en los próximos dos o tres meses y veré todavía mejores resultados.
Su crecimiento en apenas un año ha sido meteórico. Hace ocho meses competía en el Korn Ferry Tour y «mi objetivo ahora es terminar el año en el top 50 del FedEx Cup, eso me garantizaría jugar todos los eventos importantes en 2026. También quiero meterme en el top 30 mundial».
¿Y en cinco años? Lo dice sin dudar: «Competir para ganar Majors. Y ojalá, estar peleando con Scottie Scheffler por el Número Uno del mundo. Ese es el sueño de todos los que estamos aquí”.
Lo que no queda claro es en dónde lo va a hacer. Su vínculo con Loouis Oostuizhen es claro ya que en su adolescencia estuvo dos años formándose en su Academia y es para él un gran referente: «Después de la victoria, estoy bastante asentado. Obviamente, no sabemos qué está pasando con LIV y PGA, así que vamos a quedarnos donde estamos y tratar de enfocarnos en lo que podemos hacer ahora mismo, que es enfocarnos en el Open y los torneos en los que estoy para el próximo año. Creo que solo estamos tomando un paso a la vez y veremos qué pasa.
Uno de los nombres que más ha marcado la evolución personal y profesional de Aldrich Potgieter es Adam Scott. El joven sudafricano no solo lo admiraba desde niño por su elegancia y consistencia, sino que ha tenido la suerte de convertir esa admiración en una relación cercana y de confianza.
“Si tuviera que elegir a alguien en quien me gustaría convertirme, sería Adam Scott. Es el jugador perfecto: muy profesional, uno de los swings más bonitos del circuito y una persona increíble”, nos confiesa Aldrich con una sonrisa. Su conexión nació en parte gracias a que Potgieter pasó parte de su juventud en Australia, país de origen del campeón del Masters de 2013. Además, comparten círculo cercano con el caddie que estuvo con Scott en los últimos años y que ahora trabaja con Louis Oosthuizen.
Desde que Potgieter ganó el British Amateur en 2022, Scott se ha mostrado siempre disponible para ayudarle con consejos, compartir experiencias y guiarle en los primeros pasos por la élite del golf. “Siempre ha estado ahí para lo que necesitara”, reconoce Aldrich. En un momento en que todo sucede muy rápido —una victoria en el PGA Tour con solo 20 años, atención mediática, presión— tener un referente así marca la diferencia.
Su relación con el Open es especial. En 2022 debutó como amateur en St. Andrews tras ganar el Amateur Championship. Ahora vuelve como profesional, con victoria en el PGA Tour y expectativas altas. «Me encanta el golf de links. Saca tu lado más creativo. Hay que pensar diferente, sentir los golpes. No es solo pegar fuerte y ya. Es una forma distinta de competir».
Y si le preguntas por el major de sus sueños, se queda con dos, no puede decidirse entre papá o mamá: “No puedo elegir entre el Masters y el Open. El primero es especial para todo el mundo del golf, y el segundo tiene una magia única. Jugué el Open en St. Andrews y fue increíble, pero Augusta… es Augusta”.
Aunque joven, ya sabe lo que es jugar al más alto nivel. Y también convivir con la presión. «Después de ganar, todo cambia. Más medios, más compromisos, más atención. Pero es parte del trabajo. Tengo un equipo increíble que me ayuda a gestionar todo eso. Me recuerdan cuándo hay que decir ‘no’ y me mantienen enfocado».
¿Y la Presidents Cup? ¿Está en su radar? “Claro que sí. Si puedo entrar en el equipo internacional sería cumplir otro sueño. Ver a mis ídolos como Ernie Els o Adam Scott jugando esa competición fue lo que me enganchó de niño”.
El chico que la pega más fuerte del circuito tiene claro que su motor no es solo el músculo. Es el talento, la cabeza… y una ambición sin techo.



