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Una victoria desde la pizarra

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Gonzalo Fernández Castaño andaba el miércoles como un entrenador preocupado antes de una gran final. Había piezas que no encajaban en su esquema de ‘partido’ y no le quedaba mucho tiempo para tomar decisiones. Necesitaba dar un golpe de efecto.

El problema estaba en el ‘cerebro’ del equipo, en ese jugador del que parte todo el juego ofensivo. Efectivamente, en el driver. Gonzalo no estaba contento con la manera de pegarle a la pelota. Siempre la misma sensación, como de estar retenido, de no pegar con soltura. Así, la mayoría de sus bolas iban muriendo algo blandas y a la derecha. Un drive desajustado siempre es una faena, pero en un campo como el Stadium de Sawgrass, puede ser definitivo. “Para poder atacar esas banderas tienes que estar en calle, es una obligación, y eso es precisamente lo que yo no venía haciendo”, aseguró el madrileño a Golfweek.

Así las cosas, el miércoles por la tarde se marchó directo al campo de prácticas para encontrar una solución a ese drive y tomó una decisión táctica. Cambió la varilla del palo. Concretamente, colocó una Oban Kiyoshi Tour Limited azul (“sólo puedo decirte que es una Oban y que es azul”, aseguraba Gonzalo al periodista. Los demás detalles se los debemos a Adam Schupak, el entrevistador de Golfweek).

Gonzalo pegó algunas bolas y jugó dos hoyos a modo de test. Funcionaba. La nueva varilla había ganado un sitio en el equipo. Salía a jugar. El resultado fueron diez de las catorce calles de Sawgrass cogidas. “Hoy ha ido todo bien”, señalaba Fernández Castaño.

La decisión táctica de última hora fue mano de santo, aunque siguiendo con el símil futbolístico, al final, la clave de todo está en el ariete, en el que las enchufa. “Si no llega a meter el putt de par de tres metros en el hoyo 10, probablemente ahora mismo no lo estarías entrevistando”, sentenció Jeff Paul, el caddie escocés de Gonzalo.