Inicio Grandes Circuitos PGA Tour Rory tacha la primera ‘catedral’ de su lista
El norirlandés gana en Pebble Beach y le añade un extra de picante al duelo con Scheffler

Rory tacha la primera ‘catedral’ de su lista

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Rory McIlroy posa con el trofeo de campeón del AT&T Pebble Beach Pro Am. (Photo by Ezra Shaw/Getty Images)
Rory McIlroy posa con el trofeo de campeón del AT&T Pebble Beach Pro Am. (Photo by Ezra Shaw/Getty Images)

Hoyo 14 de Pebble Beach. Última jornada del AT&T Pro Am. Par 5. Rory McIlroy (-21) es líder en solitario con dos golpes de ventaja y se gusta. Se suelta. Guiña un ojo desde el tee apuntando a esa línea que sólo él puede coger. Cortando en diagonal el dog leg como si fuera un cuchillo en mantequilla. El bombazo se escucha en Holywood. Sí, con una ele, el de Irlanda del Norte. En el otro, con dos eles, se han tenido que tapar los oídos del estruendo. Es una bomba de 340 yardas. Se deja un hierro 7 de segundo. Repetimos: par 5.

Ese drive, que seguramente sólo existe en la bolsa de Rory, quizá en la de Bryson DeChambeau, nada más, es un excelente reflejo de lo que ha ocurrido este domingo en Pebble Beach. Victoria descomunal de McIlroy. Es en días como hoy cuando asalta de nuevo la impertinente pregunta de por qué no ha ganado más veces este hombre. Su poderío cuando levita es extraordinario. Sin embargo, es justo lo contrario. La pregunta no toca. Demasiadas veces se le ha tenido que hacer en la derrota como para hurgar en la herida también cuando gana. Es Rorylandia. Simplemente. No tratemos de entenderlo. Es mucho mejor disfrutarlo. Sin más.

McIlroy resolvía ese hoyo 14 con un eagle magistral para dejar su triunfo visto para sentencia. Era el golpe de gracia. El tsunami. Antes ya había hecho mucho para ganar. Ha estado brillante desde el tee, ha pegado hierros extraordinarios y, cosa que ocurre menos veces, le ha acompañado el putter. Curiosamente, todo empezaba con un putt muy corto fallado en el 6. Tenía el birdie casi dado y se le ha escapado desde un metro. Las cosas de Rory cabía pensar. Otra vez igual. Pues no. Ya no falló más.

Empezó embocando uno muy bueno en el 7, de cuatro metros. Siguió con otro en el 10 de cinco metros, con el que borraba el tropiezo del 8, su peor hierro del día. En el 12 cayó un nuevo birdie desde unos tres metros. Rory se disparaba y sus más directos rivales no respondían. Iban subiendo y bajando, como en una montaña rusa. Tan pronto aparecían, como se caían. Le pasó a Justin Rose, Shane Lowry, Lucas Glover, Tom Kim, Cam Davis o Russell Henley. Estaban, pero en realidad nadie se atrevía a tomar el mando de las operaciones hasta que el norirlandés dio el paso adelante. Ya voy yo a por él, pareció decir. Cuando el resto quiso reaccionar, McIlroy ya había activado la turbina. Llegó lo del 14, qué drive madre mía, y siguió con un tirazo en el 15 y un birdie más. The end. Hasta se permitió el lujo de salir con hierro en el 18 y nos privó a todos de ver otro drivazo. Eso lo entendemos, pero no se lo perdonamos.

McIlroy ha tumbado de un zambombazo su maldición con las catedrales. La primera es Pebble Beach. Fue noveno en el US Open de 2019, pero realmente nunca ha estado para ganar en este mítico campo. De paso, se quita la espina de las catedrales. Ya sabemos lo que le había pasado aquí, no hace falta recordar su historia con Augusta, donde sigue buscando el Grand Slam, y en el Open en St Andrews, más de lo mismo: fue 3º en 2010 tras ponerse líder el primer día, perdió la batalla contra Cameron Smith en 2022 y no lo jugó en 2015 cuando defendía título por una lesión en el tobillo jugando al fútbol. Por si fuera poco, no ha ganado nunca el Alfred Dunhill Links Championship. Que lo suyo no son las catedrales, al menos hasta ahora que ya ha profanado una. Quién sabe si la próxima será Augusta. No hay nada que desee más.

McIlroy, además, añade mucho picante con esta victoria a la batalla con Scottie Scheffler. El Número Uno del mundo ha terminado en el top 10 en su primer torneo después del accidente con los raviolis. Como quien no quiere la cosa. Vuelve casi dos meses después y termina noevno. Es una barbaridad. Este rendimiento de McIlroy, si lo mantiene en el tiempo, es un aliciente extra para que Scheffler nunca deje de buscar su mejor versión. Y todo esto es una gozada para los sentidos.

McIlroy, con una vuelta final de 66 golpes, ha ganado el AT&T Pebble Beach Pro Am con dos golpes de ventaja sobre Shane Lowry (-19) y tres sobre Justin Rose (-18) y Lucas Glover (-18). Además, Sepp Straka ha terminad séptimo. Grandes noticias para el equipo europeo de la Ryder Cup.

Resultados finales del AT&T Pebble Beach Pro Am