Sólo Viktor Hovland (-11), flamante ganador del Valspar Championship, y sus entrenadores, que ha tenido unos cuantos en el último año y medio, sabrán qué buscaba exactamente el jugador cuando se puso a finales de 2023 a tocar su swing. Era entonces un jugador excelente que sin duda perseguía la excelencia… Nada que objetar. Aunque seguro que habrá sacado unas cuantas lecciones de todo este farragoso proceso.
El noruego, además, ha rematado una gran victoria en el Copperhead course poniendo sobre el verde en el momento más oportuno la mejor versión de una de las grandes fortalezas de aquel golf suyo que le llevaba, por ejemplo, a ganar la FedEx Cup en 2023: la precisión con los hierros medios y largos. En el hoyo 16 pegaba un sensacional segundo tiro desde algo más de 170 metros para dejar la bola a metro y medio del hoyo. Y en el 17 clavaba otro hierrazo desde unos 200 metros que dejaba la bola a unos tres metros del hoyo. Convertía los dos birdies y sentenciaba así el triunfo, convenientemente auxiliado por un final de ronda errático de Justin Thomas (-10), que hacía bogeys en los hoyos 16 y 18 tras fallar groseramente, en ambo casos, la salida desde el tee. El estadounidense venía protagonizando una formidable remontada, jugando muy ordenado y killer en los greenes, y por momentos pareció que iba a poner fin a esa larga travesía por el desierto de casi tres años sin victorias. Hoy, la rehabilitación, le tocaba a Hovland. Ya llegará su turno, aunque ciertamente el de Kentucky está haciendo muchas cosas bien en este 2025 y no se podía, no se puede, hablar de un jugador que anduviera perdido.
La precisión y determinación con los hierros medios y largos, decíamos. La gran seña de identidad de Viktor, sin duda. Siempre fue un jugador rocoso, muy sólido, que dio el gran salto de calidad en su día cuando mejoró su juego corto, pero esos hierrazos de media y larga distancia siempre lo identificaron. Y hoy han abrochado su triunfo en tierras de Florida.
Tratándose de un jugador de su categoría, indiscutible a pesar de los pesares, es evidente que este domingo abre un nuevo panorama. Si hace unos días incluso podía ponerse en duda su participación en la próxima Ryder Cup, hoy vuelve a ser un pilar del equipo de Luke Donald, que esta semana se ha visto con él. Si hace apenas unas horas, como quien dice, se hacía muy difícil apostar por el nórdico en la apasionante secuencia de Grandes que se nos echa ya encima, hoy no queda más remedio que contar con él.
Todo dependerá, de todos modos, de las lecciones que haya aprendido en este año y medio de ofuscación y sube y baja. La primera y principal: salvo que seas Tiger Woods (y ni por esas), si ya eres un gran jugador, top ten del mundo e importante entre los importantes, normalmente es mejor enfocar el trabajo hacia una permanente labor de pulido y afinación, más que en tratar de encontrar y armar un jugador que no eres.




«es mejor enfocar el trabajo hacia una permanente labor de pulido y afinación, más que en tratar de encontrar y armar un jugador que no eres».
La frase no puede ser más acertada. Esos cambios de swing, más aún cuando las cosas van como una moto, son completamente absurdos.