Si alguien inventa una varita mágica que al grito de abracadabra reduzca diez puntos de hándicap, por favor que avise. De paso, que llame también a Xander Schauffele, y rápido. El californiano está buscando la manera de quitarse cuatro golpes de encima antes del Masters y sabe que se está quedando sin tiempo. Por eso decidió a última hora silenciar su móvil para no ver los mensajes del médico y se apuntó al Valspar Championship que se disputa esta semana en Tampa.
«Cuidado, Xander, que tres semanas seguidas jugando recién salido de una lesión en las costillas es demasiado», le decía el galeno. No crean que el campeón del PGA y Open el año pasado es un irresponsable. Simplemente es que no conoce otra manera de poner en orden su golf. «Ya la semana pasada me pasé por mucho del número de bolas máximo que me dejan dar en la cancha de prácticas. Ya me gustaría ser uno de esos que juegan doce torneos al año y son capaces de ganar algunos. Me encantaría. Pero yo no soy así. Yo necesito jugar y competir, así que de momento no me queda otro camino. Me siento bien, creo que estoy cerca y sólo se trata de tener más repeticiones», explica.
Schauffele despidió el año pasado con una media de golpes de 68,52. Fue la segunda mejor del PGA Tour detrás de, cómo no, Scottie Scheffler. Este año en los tres torneos que lleva suma 72,33. La noche y el día. Y eso que entre esos torneos está el Sentry, que se hacen pocas por castigo. En las dos últimas semanas, THE PLAYERS y Arnold Palmer, la media es de 74,125. Cinco golpes y pico más que el año pasado. De las últimas ocho rondas sólo en una ha bajado de 70 golpes. De sus última 32 vueltas del año pasado bajó de 70 golpes en 24 ocasiones.
El Número 3 del mundo, mejor jugador del Valspar esta semana por ranking mundial, sabe que tiene que ser paciente, que no deber ser muy exigente, bajar las expectativas, pero al mismo tiempo quiere ser competitivo en el Masters. Son los demonios con los que está lidiando ahora mismo. «Soy nuevo en esto porque es la primera vez que me lesiono y no es fácil gestionar esos sentimientos encontrados. Me gustaría estar desde la salida del sol hasta la puesta pegando bolas, quiero pegar un millón de bolas, pero sé que no puedo. Aunque no lo parezca sigo esperando mucho de mí y entiendo que para mejorar hay que ser duro», explica.
En definitiva, Schauffele está buscando el equilibrio entre la paciencia y el rendimiento inmediato. Malos compañeros de viaje. Mientras tanto, cree que la clave para quitarse esos cinco golpes de encima puede estar en su padre. Y más concretamente en una cosa que le repetía en muchas ocasiones. «Fíjate más en la bola y no tanto en el swing», confiesa Xander. Es decir, deja a un lado la obsesión por la técnica, los vídeos y hacer el movimiento perfecto y siente más el golpe, mira la bola y aprende de lo que ves con tus ojos. «Creo que estoy demasiado quisquilloso con el swing y debo pensar más en jugar con más libertad», sugiere. Tiene que cambiar la mirada.
La cabra tira al monte así que cuando le preguntan si jugará algún torneo más antes del Masters, Schauffele no puede mentir. «Mis médicos y mi equipo de trabajo quieren que el Valspar sea el último, pero veremos cómo salgo de aquí. Quiero llegar bien preparado al Masters, sintiendo que tengo opciones y si para eso entiendo que debo jugar algún torneo más, ya lo veremos…», remata.


