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Quizá no haga mucho ruido, pero Justin Rose ya es el Número 7 del mundo…

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Justin Rose (-16) ha ganado el World Golf Championship Cadillac, el octavo triunfo de su carrera en los grandes circuitos y, sin duda, el más importante de todos ellos…

Su historia, a grandes trazos, es bien conocida: aquel niño prodigio que pocos días antes de cumplir los 18, y aún como amateur, asombraba al mundo terminando en cuarta posición en el Open Championship de 1998 (Royal Birkdale), haciéndose profesional al día siguiente.

Inmediatamente después no todo fue un camino de rosas. Más bien al contrario. La prematura muerte de su padre, por ejemplo, resultaba un trauma difícil de superar. ¿Se iba a convertir este joven inglés con cara de no haber roto jamás un plato en otro proyecto fallido de gran campeón? El tiempo y, sobre todo, la humildad en el esfuerzo, han ido recomponiendo el puzzle. Él no hace ruido, pero su juego rocoso termina abriéndose paso. De momento, hasta el SÉPTIMO puesto en el ranking mundial, que es hasta donde va a llegar el jugador con la victoria.

Rose ha sido quien menos errores ha cometido esta semana, al margen incluso del superlativo 64 que firmaba el viernes junto a un inspirado Bubba Watson y a esos 46 putts que sumaba solamente en las dos primeras rondas. Hay que reconocer que en un domingo desapacible en Miami resultaba mucho más apetecible y 'glamuroso' enfocar toda la atención en otros nombres; el de Justin rara vez entra en las quinielas. Qué le vamos a hacer, tiene poco gancho. En la Ryder de 2008 de Valhalla, por ejemplo, todas las cámaras apuntaron a Ian Poulter, pero a su lado, quzá dos pasos por detrás, marchaba formando pareja un tal Rose que, por cierto, también hizo muy bien su trabajo, aunque Europa no ganara.

Hoy, en su línea, ha levitado ligero sobre las diversas tragedias que iban sucediéndose, sorteando limpiamente y de puntillas el drama, para imponerse poderoso al final, aunque fuera con la calculadora en la mano.

La lesión de Tiger, por supuesto, ha sido una de esas tragedias. La más aparatosa. Pero hubo otras que ayudaron sin duda al inglés. De entrada, la espantosa puesta en escena de Watson (-16), que no daba una a derechas por los primeros nueve ( eso que embocaba algunos putts complicadísimos de par y hasta de bogey) . O aquellos tres putts de Keegan Bradley (-11) en el hoyo 10 cuando estaba pateando desde un metro para hacer birdie. O el peregrinaje de McIlroy en el hoyo 14, que se le ha atravesado al norirlandés mortalmente esta semana. O los disparos al palo de Schwartzel…

Rory ha hecho una defensa más que notable de su posición de privilegio en el ranking mundial. No ha ganado, pero se ha comportado como un Número 1. Ha jugado siempre mirando al líder, viniera él de donde viniera después de un mal ardanque de torneo. Si queremos buscarle tres pies al gato, quizá se pueda apuntar que le falta algo de nervio. Todavía no ha mutado en un caníbal, para entendernos, al modo de un Seve o de un Tiger en plenitud. Aunque poco a poco comienza a dar señales al respecto. La de hace unos días en el Honda, sin ir más lejos. O la del portentoso eagle que se apuntaba hoy en el hoyo 12, embocando desde la arena y después de una salida defectuosa.

El final ha sido digno de un WGC. Bubba Watson, después de bajar y subir unas cuantas veces por sus particulares toboganes, llegaba al final como único candidato a la victoria (o al desempate), una vez que Rose había entregado su tarjeta con un acumulado de -16 tras hacer bogey en el último hoyo. Pero el zurdo necesitaba el birdie en ese imposible 18 y además fallaba la salida. Rose lo vio de reojo y prácticamente celebraba ya la victoria. Demasiado imprudente: siempre hay que contar con el 'factor Bubba'… El norteamericano pegaba el golpe de la semana entre las palmeras para dejarse una opción de poco más de dos metros. Después, eso sí, ni siquiera tocaba hoyo con el putt decisivo… Así es Bubba.

Resultados finales