Inicio Grandes Circuitos Rahm dice por primera vez cuánto le ‘debe’ al DP World Tour
El vasco, en declaraciones al podcast SubPar, ha insistido que sigue firme con la intención de no pagar las multas

Rahm dice por primera vez cuánto le ‘debe’ al DP World Tour

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Jon Rahm, durante su atención a los periodistas este jueves en Bethpage.
Jon Rahm, durante su atención a los periodistas este jueves en Bethpage. (Photo by Michael Reaves/PGA of America)

Por primera vez, Jon Rahm ha puesto cifras encima de la mesa. El vasco ha reconocido en el podcast SubPar cuánto dinero le reclama el DP World Tour en concepto de multas y, lejos de dar un paso atrás, mantiene firme su postura: no está de acuerdo con las sanciones y no ve una solución sencilla a corto plazo.

“Sé que está entre uno y un millón y medio por año. Así que, en mi caso, unos tres millones”, explicó Rahm, dejando claro que conoce el alcance económico del conflicto, aunque insiste en que el fondo del asunto va mucho más allá del dinero.

El punto que más le incomoda no es solo la cuantía, sino el principio. Rahm considera “un poco absurdo” ser sancionado por torneos que nunca ha jugado ni tenía intención de jugar, ni siquiera cuando competía en el PGA Tour. Su calendario europeo, recuerda, siempre se concentró en la parte final del año, con citas como el Irish Open, Wentworth o el Open de España. Con razón o sin ella, esto no es algo nuevo, Jon ha defendido esta postura desde el origen de las multas.

Aun así, el de Barrika no espera un perdón inmediato. “¿Creo que las multas van a desaparecer mágicamente? No. Pero creo que esto se va a ir diluyendo poco a poco”, señaló, apuntando a una solución global que no pase por acuerdos individuales.

Rahm sostiene que no quiere un trato de favor. Sabe que no está solo —habla de entre quince y veinte jugadores en la misma situación— y recalca que cualquier salida deberá ser común para todos. “No pueden hacerlo solo conmigo”, insiste.

Pese a la incertidumbre, Rahm se muestra convencido de que su historia con la Ryder Cup no ha terminado. “No creo que esta haya sido mi última Ryder Cup”, afirma, aunque reconoce que el desenlace no depende únicamente de él, sino de un diálogo más amplio entre LIV Golf y el DP World Tour.

En ese contexto, también tuvo palabras claras sobre el futuro del banquillo europeo. Para Rahm, Luke Donald se ha ganado con creces el derecho a continuar como capitán. El trabajo realizado, el liderazgo y los resultados avalan su continuidad… si él quiere asumir un compromiso tan exigente.

Pero si Donald decidiera dar un paso al lado, Rahm tiene su propia quiniela. Ve complicado que, a corto plazo, un jugador de LIV pueda asumir el cargo, aunque reconoce excepciones con sentido geográfico y simbólico como Graham McDowell. Más adelante, si el ecosistema del golf se normaliza, no descarta a Sergio García.

Entre las opciones más inmediatas, Rahm destaca a Justin Rose, aunque duda de que quiera dejar de competir, y a Francesco Molinari, al que ve bien posicionado por su experiencia como vicecapitán y su implicación en el equipo.

El de Barrika también ha tenido tiempo de relatar lo vivido en la última edición disputada en Bethpage. Rahm no edulcora la experiencia. La describe como dura, extrema y agotadora desde el punto de vista emocional. “Sí, lo disfruté”, admite, “pero me enfadé muchas veces con el público”.

El ambiente fue hostil desde el primer minuto. No solo durante el juego, sino desde que el equipo europeo pisó el campo. Durante diez o doce horas seguidas, el ruido no paraba. Insultos, burlas, provocaciones constantes. “Traidor”, “terrorista”, “gordo”, referencias al fármaco Ozempic, comentarios sobre la calvicie… Todo valía: “Seguían hablando incluso mientras pegábamos el golpe”, explica. Esa invasión constante del espacio mental del jugador fue, para Rahm, el mayor reto de adaptación.

Rahm ha explicado que tomó la decisión de no entrar al trapo. En su opinión, responder al público le sacaría del juego. Otros compañeros, como Rory McIlroy o Shane Lowry, supieron canalizar esa energía a su favor. Él no. “Yo sabía que, si entraba en ese juego, me iba a afectar al golf”, reconoce.

Aun así, esa presión tuvo el efecto contrario: reforzó la unión del equipo. Rahm cuenta cómo, dentro del grupo, se generó una especie de pacto. “Le dije a Tyrrell: si te vas a volver loco, grítame a mí, no a ellos”. Con el paso de las horas, incluso apareció el humor como mecanismo de defensa. “Cuando nos llamaban gordos pensábamos: ‘¿Crees que no tenemos espejo?’”. Algunas burlas llegaron a resultar hasta graciosas. Otras, no tanto.

En cuanto a los Majors, reafirma su preferencia por no competir la semana previa, salvo excepciones como el Scottish Open antes del Open. Suena también a cierta presión al circuito saudí para competir en un links en esa fecha.