
«Si la semana no va bien no podré decir que es porque no conozco el campo. Eso está claro».
Habla Gonzalo Fernández Castaño, que lleva diez días en Miami exprimiendo el recorrido de Doral como si fuera un limón. Además, lo está haciendo con la mejor compañía posible, Mariano Bartolomé, su entrenador y uno de los técnicos de la Escuela de Jim McLean, con sede en las mismas entrañas del Monstruo Azul.
Gonzalo no suele dejar cabos sueltos cuando prepara un torneo. Es meticuloso y preciso como un cirujano. Las cosas saldrán bien o mal, pero el madrileño trata de controlar todo lo que está al alcance de su mano. Tiene ganas de brillar en Estados Unidos, de verse peleando un domingo por el triunfo y no estaba por la labor de dejar pasar una oportunidad como ésta.
Nada más caer en el Accenture ante Webb Simpson, el madrileño agarró el petate y se plantó en Miami. Ha jugado en diez días sesenta hoyos, lo equivalente a más de tres rondas de competición. Empezó con una vuelta con la profesional venezolana Verónica Felibert, pupila también de Bartolomé. Después ha ido jugando nueve hoyos por aquí y por allá, con el único paréntesis de un par de días que se marchó a Atlanta para trabajar con Cleveland.
No obstante, cuando realmente puso al ‘Monstruo’ en la mesa de operaciones fue el pasado domingo. Salió a jugar con buggie, hizo 15 hoyos y tardó seis horas y media. Una disección en toda regla. “Fue intenso, probé todo lo que quise, jugué varias bolas, miré todo tipo de caídas… Fue un entrenamiento en profundidad. Muy buen trabajo”, asegura Fernández Castaño. De lunes a miércoles han caído otros nueve hoyitos diarios. “He jugado mucho, pero sin exagerar porque puede ser contraproducente”, señala el madrileño. (En la Federación de Madrid podéis ver el vídeo completo con la entrevista).
En el torneo podrán pasar muchas cosas, pero el Monstruo no va a pillar a Gonzalo con la guardia bajada.


