
Tiger Woods terminó la tercera vuelta del Barclays con una sonrisa en la boca. Era la sonrisa de la incredulidad…
El jugador norteamericano no daba crédito a lo que había visto… y sufrido en los greenes de Bethpage. “Nunca había visto unos greenes que cambiaran tanto de un día para otro. De hecho, parecían incluso como si estuvieran mojados. Fue increíble lo rápidos que llegaron a ponerse”, asegura un Tiger que vivió una de sus tardes más oscuras con el putt. Firmó cuatro greenes a tres putts en la ronda, el registro más alto de toda su carrera.
Tiger acabó satisfecho con su juego largo. Cogió diez calles y catorce greenes. “Ha sido un día de golf precioso. Nunca llegué a perder los nervios. Sólo estaba frustrado. Sabía que en las condiciones que estaba el campo nadie se iba a disparar en la clasificación. Me mantuve siempre concentrado en el juego, por desgracia no encontré la fórmula de cogerle el punto a los greenes”, señaló.
Woods tripateó en los hoyos 3, 6, 9 y 14. Lo más lejos que estuvo fue en el 3, a unos doce metros. Sin embargo, curiosamente, embocó uno de birdie de algo más de 20 metros en el 8, su putt más largo del año. Como para volverse loco…
Pese a todo, Tiger salvó los muebles con una vuelta de 72 golpes (+1) y aún no tira la toalla. Está a seis golpes de Sergio García, pero está convencido de que todo puede pasar. “Este recorrido se presta a que las cosas cambien rápido. Es cierto que empecé a tres golpes y no he podido mantenerme a esa distancia, pero ojalá en la última jornada todas las parcelas del juego se junten y salga bien”.


