
El cuarto jueves del mes de noviembre de 2009, día de Acción de Gracias, a Tiger Woods se le desató un huracán en el mismo garaje de su casa.
No hace falta recordar la que se organizó, con la que era su mujer por entonces hecha un auténtico demonio blandiendo un hierro 7 detrás de él…
Tampoco hace falta recordar cómo se hizo trizas la imagen de este mega campeón una vez se fueron conociendo los detalles de sus escabrosas infidelidades.
Aquello le hizo más daño a Tiger que los maltrechos ligamentos de su rodilla izquierda, la que fue reconstruida en un quirófano en el verano de 2008. Woods, desnudada su intimidad y mancillados los principios que parecían regir su conducta de atleta-marine, sintió como se desmoronaba su aura inmensa y cómo se esfumaba aquella confianza extraterrestre que lo hacía levitar en el campo de golf cuando más lo necesitaba. Su putt, en definitiva, se había hecho carne.
Y no ha sido hasta hoy cuando Woods ha pasado página de verdad. Porque hoy ha ganado a la vieja usanza el Cadillac World Golf Championship, el primer Campeonato del Mundo que lleva a sus vitrinas desde aquellos sucesos en su casa de Orlando. Había vuelto a rugir y se había sobrepuesto de sus graves problemas físicos, ganando por ejemplo el WGC Bridgestone en 2009, trece meses después de la delicada operación de rodilla a que fue sometido, y también había llegado a cantar victoria tras hacerse públicas sus cutres correrías de alcoba. Pero no no en un ‘major’, ni tampoco en un World Golf Championship.
Tiger ha ganado en Doral como lo hubiera hecho en marzo de 2008. Y en plena fiebre de las zapatillas de golf, este moderno calzado ligero y casual, hasta ha llegado a parecernos que se había calado de nuevo aquellos zapatones negros de los domingos. Zapatones y pantalón negros, polo rojo sangre oxigenada.
A pesar de las precauciones que ha mostrado en el hoyo 18, uno de los pares 4 más complicados de todo el calendario anual del golf de élite, saldándolo con un eficiente y suficiente bogey, a pesar de ello Tiger ha mandado y ha organizado el cotarro como antaño. Incluso sus rivales parecían desinflarse como antaño justo cuando siquiera se sospechaba que podían poner en problemas al Gran Felino. Phil Mickelson (-14) y, sobre todo, Graeme McDowell (-14), no han acertado a darle la réplica adecuada. Steve Stricker (-17) y Sergio García (-14) venían de más lejos y su remontada se hacía más dura.
Pero tampoco hay que dejarse engañar por esa tarjeta de 71 golpes de Woods, porque ha dado toda la sensación de que el californiano ha ido midiendo a antojo los riesgos, y que le quedaban una o dos marchas por meter. De hecho, su golf ha sido en líneas generales fiable y solvente. Brillante por momentos. Y en las encrucijadas de dificultad que siempre terminan por aparecer, esos putts en torno al metro para salvar pares, esta vez sí ha recordado al Tigre depredador en los greenes.
La serie de catorce ‘majors’ se conmueve otra vez. Arranca la tercera gran versión de Tiger Woods. Ahora sí, al fin.


