Tiger Woods deja en el aire su participación en el Masters de Augusta. Ni confirma, ni desmiente. Básicamente porque no puede. Su participación en el segundo partido de la final de la TGL no ha despejado duda alguna, fundamentalmente porque esta competición está a años luz de lo que se va a encontrar en el primer Grande del año. No se anda y se pegan muy pocos golpes en muy poco tiempo. No era ninguna prueba. Quien lo quisiera ver de esa manera, estaba equivocado.
La conclusión es que nadie en su sano juicio puede asegurar ahora mismo si Tiger va a jugar o no el Masters. Probablemente ni él mismo. Lo que sí están muy claras son sus intenciones. El ganador de 15 Grandes va a hacer todo lo humanamente posible por jugar en Augusta. Físicamente se le vio realmente bien. Sí, mantiene esa cojera que ya le va a acompañar hasta el resto de sus días, pero se le ve fuerte, quizá más fuerte que nunca en su tren superior.
Del juego apenas se puede decir nada porque realmente se pegan pocos golpes en esta competición que mezcla golpes alternos y un puñado de hoyos en formato individual. El palo lo sigue moviendo a una velocidad muy alta. Su bola viajó a 175 millas. Dejó para la retina de los aficionados un stinger precioso con el driver. Ahí tampoco existe problema. La gran dificultad, como siempre, es si el cuerpo le va a aguantar para andar 18, 36, 54 o 72 hoyos.
Hubo un tiempo en que la conclusión hubiera sido más fácil: si Tiger no se ve competitivo, no va a jugar en Augusta. Si fuera así, podríamos descartar ya su presencia en el Masters. Sin embargo, a juzgar por sus palabras de ayer, incluso aunque se vea con muy pocas opciones de pasar el corte, salvo que no pueda andar 18 hoyos, lo va a intentar.
«Lo estoy intentando. Simplemente este cuerpo… no se recupera como cuando tenía 24 o 25 años. Eso no significa que no lo esté intentando. Llevo tiempo intentándolo. He tenido un par de lesiones malas aquí en los últimos años por las que he tenido que pelear y ha llevado tiempo. Pero sigo intentándolo. Quiero jugar. Me encanta el torneo. Me ha encantado estar allí desde que tenía 19 años. Significa mucho para mí y para mi familia. Voy a estar allí de una forma u otra con The Loop (campo de nueve hoyos diseñado por él en el The Patch, campo municipal muy próximo al Augusta National), además de la Cena de Campeones», explica.
La declaración de intenciones de Tiger está clara: quiere jugar por encima de todas las cosas y lo va a intentar con todas sus fuerzas. Es cierto que apenas quedan dos semanas. Es lógico ser pesimista, pero con Woods y el Masters todo es diferente. Si el cuerpo le aguanta, jugará. «No sé cuándo tomaré la decisión de jugar. Ya veremos cómo va. Voy a practicar, jugar en casa esta semana y seguir intentando progresar».
En este sentido, Tiger sigue confiando en su golf. «Me queda más en el depósito. Nunca he tenido realmente problemas con la velocidad de bola. La dirección de la bola es otra historia. La he pegado a izquierda y derecha la mayor parte de mi vida, de ahí mi apellido Woods. Siempre he tenido velocidad. Incluso ahora que soy mayor y el cuerpo no es lo que era, todavía puedo ponerla ahí arriba. Lo que pasa es que ahora todo el mundo vive en esa velocidad o más arriba. Bromeábamos el otro día con que en el 97 yo promediaba 296 yardas. Eso ahora no es nada. Entonces era el número 2 en distancia desde el tee detrás de Daly. Ahora hay jugadores que hacen eso con la madera 3», señala.
En cuanto a sus sensaciones jugando la final de la TGL, Tiger no saca muchas conclusiones. «Físicamente, bien. Lo curioso fueron los golpes, porque normalmente tienes más ritmo cuando estás jugando una ronda normal de golf. Aquí siento que a veces me enfrío un poco. Es simplemente un ritmo diferente. Es como cuando juegas la Ryder Cup o la Presidents Cup y juegas foursomes. En algunos partidos no pegas un putt en 10 u 11 hoyos y, de repente, tienes que meter uno de un metro. Eso es un poco lo que se siente aquí. Tuve que pegar un par de drives y luego un par de putts. Para mí fue diferente porque realmente no lo había hecho. He estado viendo a estos chicos hacerlo. Hacen que parezca fácil. Yo no lo había hecho desde hace tiempo. Pero fue muy divertido formar parte de ello», afirma.
Queda menos tiempo para que termine por deshojarse la margarita de Tiger. Mientras, que cada uno haga sus apuestas. Por cierto, el equipo de Fleetwood, Rose y Theegala venció 2-0 en la serie final a tres partidos y se proclamaron campeones de la TGL 2026.



