
Hay un campo de golf que Gonzalo Fernández Castaño jugaría siempre en sus semanas de entrenamiento, de no mediar una paliza de viaje entre su casa de Madrid y el tee del hoyo 1…
Y ese no es otro que el Phoenix Country Club, situado en un resort de golf de nombre Seagaia, en Miyazaki, Japón. En efecto, justo donde se disputa desde los años setenta el Dunlop Phoenix, torneo de alcurnia del Japan Tour, en el que se dan cita cada año, por invitación, estrellas de todos los continentes, y que comienza esta próxima madrugada con la presencia del propio Gonzalo y de Pablo Larrazábal.
"No me preguntes por qué, pero es donde más me gusta jugar del mundo. Me encanta, es de esos campos que te entran por los ojos y donde disfrutas más que en ningún lado", nos explica el madrileño.
A los resultados hay que remitirse, por si alguien no da crédito. Esta es la quinta ocasión en la que Fernández Castaño juega este torneo y nunca ha bajado de la octava posición. Ha sido 2º, 3º, 4º y 8º en ediciones que ganaron jugadores de la talla de Poulter, Tiger o Harrington, entre otros. Larrazábal, a juzgar por sus comentarios en las redes sociales, también está disfrutando allí como un niño.
Este año, además de los dos españoles, andan por allí McDowell, Edoardo Molinari, Lowry o los americanos Woodland y Barnes.
El torneo, además, resulta una auténtica experiencia por las maneras detallistas y festivas con que ejercen de anfitriones los organizadores nipones. Y más, si cabe, si se trata de agasajar a los jugadores españoles. Cualquiera puede intuir la razón: Seve, siempre la huella de Seve, profunda e indeleble, ganador en dos ocasiones y, por supuesto, generador de una profunda admiración por los siglos de los siglos…
De hecho, esta es la primera edición del Dunlop Phoenix que se disputa desde el fallecimiento del genio cántabro y la organización se ha volcado en homenajearlo. No podía ser de otro modo.
Si a todo esto unimos que se trata de una cita que reparte jugosos dividendos para el ranking mundial y para el bolsillo (el ganador se embolsa 40 millones de yenes, cerca de 400.000 euros), la fiesta es completa.


