La entrada del golf en el programa olímpico ha supuesto un impulso decisivo para este deporte, especialmente en países donde no existía demasiada tradición. Un ejemplo es Costa Rica…
Por su interés, reproducimos una parte del artículo aparecido en el diario costarricense el financiero.
El golf se prepara para volver a participar de forma olímpica en los juegos de Brasil 2016.
Para los seguidores, la espera llegó a los 112 años, pues la última vez que se registró este deporte en una olimpiada fue en 1904.
La inclusión abre una puerta y la posibilidad de acercarlo a otros deportistas, más allá de los que normalmente llegan a los torneos de los grandes circuitos o de quienes pueden pagar las clases.
Actualmente en Costa Rica se estiman unos 4.000 jugadores, 750 afiliados y 20 profesionales.
La participación en una olimpiada hereda una serie de cambios en la logística administrativa y en el país se reflejan con el nacimiento de la Federación Nacional de Golf.
La intención es que la agrupación esté lista para iniciar labores en enero o febrero del 2012, supervisada por el Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación(Icoder).
El principal cambio que esperan percibir es dejar de ver el golf como una actividad exclusiva. “Al incluirlo como deporte olímpico queda demostrado que no es elitista y que está lejos de ser un jueguito para socializar, tomar licor o un deporte para viejitos”, explica Randoll Víquez, gerente general de la Asociación Deportiva de Aficionados al Golf (Anagolf).
El golf se define como un deporte de estrategia, 90% mental y 10% técnico que se convierte en una guerra contra sí mismo, pues todos los días el juego es diferente y requiere un proceso mental para aprender de los errores.
Víquez asegura que como jugador, el hecho de que el golf se incluya de nuevo en las olimpiadas representa una gran ilusión, pues todo deportista sueña con representar a su país.
Niños golfistas
Víquez asegura que el norte principal de la federación será llevar el deporte a diferentes regiones para que más niños y adolescentes aprendan a jugar y representen al país en los torneos, campeonatos y olimpiadas internacionales.
Una de las iniciativas consiste en duplicar la cantidad de infantes que juegan golf dentro del Programa Nacional de Golf Nacional Infantil.
“Queremos llegar a tener 250 niños, niñas y jóvenes golfistas de alto rendimiento que representarán al país en olimpiadas, juegos centroamericanos y competencias internacionales, pero lo importante no será la cantidad, sino que más muchachos se unan”, asegura Rodrigo Cordero, vicepresidente de la Anagolf y responsable del programa infantil y juvenil de la asociación.
Su hijo, Sebastián Cordero, de 11 años, fue campeón nacional en varias ocasiones y ha participado en torneos mundiales de alto nivel.
Como padre, Cordero asegura que el golf ha reforzado en su hijo principios y valores que actualmente son difíciles de encontrar en otras actividades deportivas.
“Es un deporte de caballeros regido por códigos de ética y de conducta que hacen que el jugador sea una persona distinta. La disciplina, puntualidad, el decoro y el respeto al compañero de juego son básicos en este deporte y desde muy niños ellos aprenden sobre compañerismo y respeto”, comenta Cordero.
Otra de las propuestas incluye un plan piloto para llevar el golf a escuelas públicas con equipo plástico e instrucción a los profesores de educación física.


