Tiger Woods tendrá que hacer historia dentro de su propia historia para ganar el Grand Slam en 2008. Ninguno de los trece grandes que tiene guardados bajo llave los consiguió viniendo desde atrás. En todos ellos partió el cuarto día como líder y ahí se mantuvo hasta el final. Pero mañana en Augusta tendrá que remontar si quiere que el mundo vuelva a comprobar lo mal que combina el rojo con una chaqueta verde …

Y eso que el número 1 cumplió con su propósito. Aseguró en la previa que necesitaba un 68 para ponerse en disposición de ganar el domingo. Dicho y hecho. Algo tan inverosímil como vaticinar una ronda de golf, está al alcance sólo de unos pocos privilegiados como Tiger.
Al californiano le salieron las cuentas, pero le falló un hombre: Trevor Immelman. El sudafricano está fuerte, se siente seguro, despliega un juego extraordinario de tee a green y encima ha demostrado en Augusta una fortaleza mental importante. El sábado empezó titubeante, parecía que podía caer, pero se rehizo y acabó encendido.
Hagan sus apuestas. La pregunta que ayer se hacían de vuelta a sus casas todos los aficionados que estuvieron en Augusta era la siguiente: ¿Serán suficientes los seis golpes de ventaja que separan a Tiger de Trevor?…
Sus 68 golpes han dejado a Woods con un total de -5 y, sin embargo, sólo ha podido recortar uno al líder. Immelman, con una tarjeta de 69, está con -11. La presa está clara. Sólo resta saber lo fuerte y 'rápido' que estará Immelman el domingo para evitar los zarpazos y las dentelladas del Tiger. Hasta hoy, a Tiger nunca le ha gustado remontar… Repetimos, hasta hoy.
Entre la presa y el cazador se han colocado tres 'aves de rapiña' que esperan su oportunidad. Hay dos invitados con los que nadie contaba: Brandt Snedeker (-9) y Steve Flesch (-8). Su comportamiento ha sido extraordinario. Flesch ha jugado muy sólido y se ha mantenido arriba con cuatro birdies y un solo bogey, mientras que Snedeker ha saltado a la yugular de los que lo daban por muerto tras enlazar tres bogeys seguidos en los hoyos 11-12-13. Se recompuso como los grandes, con birdies al 14, 15 y 18.
El tercero que se ha colado entre Tiger e Immelman es Paul Casey (-7). Mucho ojo con el inglés. Si es capaz de jugar relajado y templar su ímpetu habrá que contar con él. Pocos jugadores en el mundo tienen la capacidad de fabricar birdies y rondas tan explosivamente bajas como Casey. El sábado ofreció otro de sus recitales: seis birdies y tres bogeys.
Tampoco hay que descartar a Stewart Cink, agazapado a la sombra de Tiger con -4. Su gran problema es que juega, precisamente, con Woods. No parece muy probable que el número uno del mundo se deje pasar por la derecha por su compañero de partido.
Los siguientes jugadores se encuentran con -2, una distancia que se antoja algo lejana para la victoria. No sólo por los nueve impactos de desventaja con Immelman, sino también por los tres respecto a Tiger. A pesar de todo, la nómina de golfistas que están ahí situados es excelsa y augura un gran espectáculo el domingo: Mickelson (decepcionante y errático en el día del movimiento), Andrés Romero (capaz de todo), Zach Johnson (hizo la misma tarjeta que Tiger el sábado), Harrington (nunca dejen de contar con él), Goosen (juega cómodo en Augusta), Weekley, Karlsson, Poulter y O'Hair.
Finalmente, las condiciones no fueron tan malas como se anunciaron y las sufrieron especialmente los primeros partidos. Por ello, la vuelta de par de Jiménez tiene un mérito importante. A mitad de tarde, todo apuntaba a que podía acercarse al top 25, pero una vez que la lluvia se marchó y el viento no sopló con fuerza, los buenos resultados se fueron sucediendo y relegaron al malagueño, con su +3 en el acumulado al puesto 35.
Uno de sus posibles objetivos, el puesto 16 que da derecho a jugar el año que viene el Masters, lo tiene a cuatro golpes. Está difícil, pero no es una quimera.


