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Momento Marilyn

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Diario del Masters a 2,07

No hace falta ser un apache para saber por dónde viene Tiger. Es impresionante. Rugidos y rugidos. Vemos desde lejos su segundo golpe en el 15, fantástico, a unos cuatro metros para eagle. Estamos siguiendo a Miguel y hay que irse. Una pena, no vamos a ver si mete el putt, pienso. No hace falta. Te enteras. Estamos a 400 metros del green y no hay ninguna duda de que la bola ha caído al hoyo…

El público está con Tiger. No hay duda. Es adoración. Adhesión incondicional. Sobrevuelan tres avionetas el tee del 1 justo cuando Woods va a dar su golpe de salida. Llevan amarradas a la cola unas pancartas con mensajes de mofa hacia él. No entiendo una de ellas y le pregunto a un buen hombre que está a mi lado, detrás de las cuerdas. «Es algo estúpido, una gilipollez», me suelta antes de explicármelo. Incluso se escucha por el campo alguna teoría conspirativa: «Augusta no quiere en realidad que gane Tiger. Por eso, el presidente le pegó un palo el otro día. Déjate que lo de las pancartas no lo hayan montado desde dentro». No dirán que no es divertido ir por detrás de las cuerdas…

A las 7:30 de la mañana ya estaba en el campo. Me gusta ver salir a los primeros partidos. No todos los días puede uno venir al Masters y hay que aprovechar cada minuto. Decido seguir a Tom Watson. Óle. Vaya tino. Es increíble. Un fuera de serie. Lo acompaño nueve hoyos y parece inexplicable. Lo miras y da la sensación de que va medio cojeando por la calle, pero después se saca unos golpes brutales, muy fino. Y con el putter es un maestro.

El día ayer fue de perros. Empezó bien, pero se fue estropeando y hubo un momento en que parecía que caería la mundial. Se puso el cielo completamente negro y empezó a soplar un viento más que curioso. A la entrada de Augusta te daban todo tipo de recomendaciones. Si suena la sirena dos veces hay que desalojar el campo a la carrera. Esto está lleno de árboles y una tormenta eléctrica es muy peligrosa. «Si le toca al otro lado del campo y no le da tiempo a salir, tírese al suelo», nos decía uno de los miles de empleados que atiende al público en Augusta. La cara del tipo parecía sacada de ‘La chaqueta metálica’. Como para no hacerle caso. Por cierto, la sirena sonó una vez (preaviso) y mucha gente se fue del campo.

Empezó a llover y entonces vivimos el momento Marilyn. Estábamos a unos diez metros del green del 16 y pasamos junto a una rejilla de la que comenzó a salir mucho vapor. Parecía el metro. Le preguntamos a uno de los hombres con chaqueta verde y nos explicó que se habían puesto en marcha las calefacciones debajo de los greenes. Gota que caía, gota que inmediatamente se evaporaba. ¡Así no se ponen lentos en la vida!

Miguel ha estado algo tenso en los primeros nueve hoyos y en los segundos ya ha estado más tranquilo y relajado. Su mejor momento ha sido en el 13, cuando embocó un chip de birdie desde el antegreen.

Anoche cenó con un patrocinador y a la cama muy temprano, ya que hoy juega a las 10:04 (16:04 hora española).

Por cierto, gente, tranquilos, ya he arrasado con el supermercado de merchandising. Sólo digo que tiene 100 cajeras…

Por Pedro Fernández