Inicio Masters de Augusta Masters de Augusta 2011 El chico que soñaba subido en un tractor

El chico que soñaba subido en un tractor

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Justo cincuenta años después de la victoria de Gary Player en Augusta, otro sudafricano se enfunda la chaqueta verde de campeón…

Charl Schwartzel, sonreía de oreja a oreja cuando se sentaba frente a los medios para explicar su proeza en una jornada final de Masters disputada como ninguna otra: hasta diez jugadores conservaron sus opciones casi hasta el final.

“Es un sentimiento muy especial. No sé por dónde empezar. Nunca había estado en una situación similar en un major, pero me he encontrado sorprendentemente calmado. Rory debe haber sufrido mucha presión, porque llevaba mucha ventaja… Justin Rose me dijo ‘No tienes nada que perder y todo que ganar’. Así que me calmé y desde el primer hoyo me empezaron a salir las cosas bien”. También le ayudó, reconoció, su compañero de partido. "Jugar junto a Choi me ha venido muy bien porque somos dos jugadores que tenemos el tipo de juego", señaló el sudafricano.

Schwartzel consiguió atravesar la arboleda del Augusta National sin dejarse influenciar ni por la clasificación ni por los rugidos de un público entusiasmado con un final de Masters tan apretado: “En Augusta se oyen muchos gritos del público. Especialmente en los últimos nueve hoyos. Hacen eco por los árboles. Siempre hay una ovación. Siempre hay alguien que hace algo; y te mentiría si te dijera que no miré a la clasificación. Pero a veces la miraba y no me enteraba de cómo estaba la cosa, y creo que eso me ayudó. Lo que si sabía cuando llegué al 15 es que Adam Scott se había hecho un par de birdies, y Jason Day también. A partir de ahí pensé que ahora o nunca; tenía que empezar a dar buenos golpes”.

El nuevo campeón aprovechó la oportunidad para consolar a Rory McIlroy, cuyo colapso en el hoyo 10 echó al traste lo que hasta entonces había sido un Masters espectacular: “Es difícil. ¿Qué le voy a decir? Es un jugador muy bueno. Va a ganar algún major en algún momento. Hoy no le han salido las cosas bien. Tal y como ha jugado las tres primeras rondas, no es difícil pensar que no anda lejos de conseguir una victoria. El golf es un deporte curioso. En un momento estás arriba y un segundo después te muerde. Pero él es un jugador excelente. Ganará”. Había curiosidad por saber cómo se aficionó al golf –y finalmente ganó todo un Masters– el hijo de un granjero: “Yo todavía vivo allí. Mi padre tiene una granja de pollos, en la que además se venden huevos. También tenemos maíz. Mi abuelo la construyó, así que viene de familia. Yo ayudaba allí. Me encanta estar en la granja. Antes conducía el tractor y hacía cosas por allí cuando era más joven. Pero mi padre era un gran aficionado al golf, y solíamos jugar. Él jugaba los miércoles, los viernes y los sábados, prácticamente todas las semanas. Y yo le hacía de caddie en las competiciones de los miércoles y los sábados, y jugaba con él los viernes. Y así es como empecé”. Precisamente, respecto a su juego, Schwartzel rinde tributo a su progenitor. "Sin mi padre no tendría el swing que tengo. Si no fuera por él yo nunca hubiera llegado a esta situación", aseguraba segundos antes de enfundarse la chaqueta verde.