Inicio Masters de Augusta Masters de Augusta 2011 El fino estilista que bajó a las trincheras

El fino estilista que bajó a las trincheras

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Seguro que Charl Schwartzel (-14) no se vio ganador del Masters después de embocar un chip de más de treinta metros en el hoyo 1 de Augusta…

Quedaba demasiada tela por cortar. Así que, probablemente, tampoco se imaginó posando con la chaqueta verde después de hacer eagle desde la calle del hoyo 3, a más de un centenar de metros del hoyo… En esos momentos uno no está para contarse el cuento de la lechera.

A partir de ese momento, además, le tocaba abrir el paraguas. Bogey en el 4, ristra de pares en los siguientes y, sobre todo, escalada de decibelios en el campo unos hoyos por delante porque Tiger la estaba liando. En ese tramo de la jornada, quizá, ni él ni nadie daba un duro por la victoria de alguien que no fuera Woods. El Tigre rugía furioso.

Este sudafricano de 26 años tiene una clase superior y una calidad de bola indiscutible, comentadas y analizadas hasta la saciedad en todos los círculos de golf. Era cuestión de tiempo que diera una campanada sonora, señalaban todas la voces autorizadas. Pero nunca se había caracterizado, hasta la fecha, por el control férreo de las emociones. O dicho de otro modo: demasiadas veces, en situaciones de presión, titubeaba más de lo deseable con el putter en las manos. Sobre todo en esas distancias críticas de entre uno y dos metros.

Este domingo 10 de abril de 2011, Charl Schwartzel ha mostrado una versión casi desconocida. La del coraje y la fe ilimitada en sí mismo. Su perfil no era hasta hoy el de un ganador de batallas en el cuerpo a cuerpo. Costaba imaginarlo con el cuchillo entre los dientes al atardecer de un domingo de 'major'. El siempre había sido un virtuoso y excepcional violinista…

Porque, al margen de los maravillosos ingenios que se sacaba de la chistera en el inicio de la ronda, lo cierto es que el Masters lo ha ganado con el putter en las manos y en la recta final. Cuatro de cuatro. Sprint insufrible y avasallador desde las trincheras. Putts de birdie de metro y medio en el 15, de unos cinco en el 16, de unos cuatro en el 17, y con remate espléndido desde unos seis metros en el 18.

Y presión tenía toda la del mundo, en una edición única en la que hasta seis o siete jugadores llegaban a la recta final con opciones. Tiger (-10) y Ogilvy (-10) por delante, y después, todos apiñados y en fila india: Donald (-10), Choi (-10), Scott (-12), Cabrera (-9), Day (-12)… Hasta Bo Van Pelt (-8) se metía en el 'fregao' por momentos con dos eagles en el 13 y el 15.

Mientras el sudafricano iba construyendo su final de Terminator, fue Scott quien realmente se vio ganador. En circunstancias normales, al menos debería haber forzado un desempate porque es casi imposible contar con que nadie haga pleno del 15 al 18… Junto a él, eso sí, llevaba a ese 'enfant terrible' que es Day. El joven australiano se había metido en la lucha con un putt monstruoso en el 17, estéril al fin y al cabo, pero fiel reflejo de lo que este chico es y será capaz. A Tiger le salen competidores sin complejos por todos lados…

¿Y Rory McIlroy? El joven norirlandés ha escrito una de esas páginas trágicas de la historia del golf. Inicio con dudas, ligera recomposición (sólo ligera), y el caos más absoluto en el inicio de los segundos nueve hoyos. En el hoyo 10 casi se despedía del torneo con un triple bogey descorazonador, después de visitar zonas de la finca inexploradas hasta la fecha.

En el 11 pateaba con claras opciones de birdie después de pegar el mejor tiro desde la calle de todos los candidatos a una bandera imposible… Y salía con bogey. Tres putts. Y en el 12… Ay, en el 12 recibía una puntilla cruel e inhumana. De nuevo pegaba un tirazo en este par 3 diabólico y, pateando para birdie desde unos tres metros terminaba haciendo doble bogey. Cuatro putts. Ni que decir tiene que la salida del 13 la mandaba al agua… Un terrible e innecesario castigo para un 80 final que, año tras año, se le aparecerá como un fantasma.

El Amen Corner acabó con él con la misma frialdad mostrada 24 horas antes con Sergio García. Si cabe, aún con más saña y regodeo. Por el cómo y por el cuándo.

Tiger Woods ha protagonizado una jornada bestial… E incompleta. No es ninguna paradoja. Rompió el campo por los primeros nueve y luego no movió más su marcador desde el hoyo 8. Impresionante e intimidante su puesta en escena. Y decepcionante el largo final. Woods ha perdido este Masters con el putter en las manos. Falló un putt de menos de un metro para par en el 12 y otro de metro y medio para eagle en el 15. Puede que otro gallo hubiera cantado de haber ajustado más la soga al cuello de sus rivales en el momento de la verdad. Aunque nunca lo sabremos con certeza, porque las nuevas hornadas vienen (con perdón) con todos sus atributos muy bien puestos…

En cualquier caso, su capacidad para meterse en el torneo viniendo desde el -5 es digna de toda alabanza y admiración. Su eagle del hoyo 8 fue demencial. Y hasta lo fue también un putt de par muy delicado que embocaba en el 9 y que mantenía viva la ofensiva… Pero aún necesita un plus de veneno en los greenes y de regularidad durante la semana. Su regreso triunfante asoma, pero de momento ahí se queda. A las puertas.

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