
Quizá no sea un resumen demasiado objetivo de lo que le ha ocurrido hoy a Sergio García y Álvaro Quirós: Puñaladas traperas. Pero el desarrollo de su jornada deja esa sensación…
Sobre todo en el caso de Sergio García (-1). No hay que buscar excusas ni poner paños calientes. El de Borriol se ha venido abajo de un modo aparentemente inexplicable por los segundos nueve hoyos. Justo cuando se estaba arrimando de verdad al liderato con un comienzo de ensueño (tres birdies en los primeros cinco hoyos), y cuando sus opciones de victoria final crecían y crecían… ¿Tiene alguna relación una cosa y otra?
Sergio ha jugado un golf de perfil sobresaliente y ganador (al margen incluso de los resultados concretos) durante 44 hoyos, hasta el 8 de esta tercera jornada, y después no ha encontrado recursos para superar el profundo bache en el que se ha metido. Ni que decir tiene que su problema no es técnico ni estratégico: no se juegan 44 hoyos en el Augusta National a un nivel notable por casualidad y con tu juego cogido con alfileres… ¿Entonces?
Vayamos por partes. El jugador explicaba al finalizar que en el hoyo 9 había pegado un mal golpe (aún así, sacó el par) y después ya nunca volvió a sentirse cómodo sobre la bola. La conclusión que puede sacarse a primera vista es que aún no le ha ganado la batalla a una desconfianza latente que nadie sabe (tampoco él) de qué modo concreto se fue haciendo hueco en su cabeza desde aquel 2008 triunfante.
Hoy por hoy, parece que Sergio le come terreno poquito a poco (lo hemos visto en Dubai, en Bay Hill…), pero a la hora de la verdad, cuando la presión aumenta, le cuesta horrores salvar obstáculos. Está trabajando de lo lindo, y su lenguaje gestual en el campo lo confirma, pero tiene camino largo aún por recorrer.
El caso es que él llegó a sentir sobre el campo que realmente estaba haciendo algo importante, que este 'major' tenía que contar con él para el triunfo final… Y en tres hoyos (bogey al 10, doble bogey al 11 y bogey al 12) todo se iba al traste. Una puñalada trapera.
A Quirós (-3) la puñalada se la ha dado su driver. Hoy tampoco le ha sacado de ningún apuro. Más bien todo lo contrario. "He pecado de ambicioso y la verdad es que el campo no se ha portado mal conmigo para cómo he estado", señalaba.
Tal y como iba el día, no obstante, y a pesar del tobogán en el que andaba subido (cuatro bogeys y dos birdies por los primeros nueve), lo cierto es que aún podía echarle el guante al vagón ganador por la segunda vuelta. Sus pares en los hoyos 10, 11 y 12 eran magníficos, y un birdie en el 13 lo metía en la pelea… El 14 asestó la puñalada definitiva: una mala salida, un buen intento de recuperación… Y tres putts para doble bogey.
“Sé que me he desenganchado, pero me queda un día para seguir mejorando", sentenciaba al acabar. Y no le falta razón. En realidad, y aunque hoy el sabor que queda es peor que agrio, lo cierto es que el de Guadiaro ya había hecho su Masters. Siempre mejorando, aprendiendo, evolucionando…


