
Sergio García odia jugar al golf con frío y lluvia. No lo puede soportar. No es una cuestión de manías, ni una pataleta. Se trata de un asunto técnico. Su swing se resiste cuando tiene que funcionar con mucha ropa encima. No se encuentra. Está incómodo. Pierde el ‘feeling’ con el juego…
Hoy no era un día fácil para él. Augusta amanecía frío. Poco más de diez grados en el termómetro y un desagradable viento del Norte. Sergio ha superado la prueba con sobresaliente. Ha sido el climatizador de Augusta. Ha jugado de maravilla cuando más frío hacía y ha mantenido el ritmo de birdies cuando ha apretado el calor mediada la vuelta. Ha firmado 68 golpes, la segunda mejor vuelta del día, para un total de -4, en todo lo alto.
Sergio siempre va al límite del frío con la ropa. No le gusta llevar prendas encima. La estrategia hoy estuvo clara desde el principio. Un polo, un cortaviento y la chaqueta de su caddie Glenn Murray entre golpe y golpe. Pegaba desde el tee y se ponía la chaqueta roja. Llegaba a su bola y se la quitaba. Y así durante once hoyos. Hasta que ha salido el sol en Augusta. Consecuencia: tres bajo par en ese tramo, con cuatro birdies como cuatro soles y un único bogey.
El termostato de su cuerpo y de su swing andaban perfectos. “Hoy hemos estado más acertados en la elección de los palos y hemos podido dejar la bola más cerca. Las opciones de birdie han sido más claras”, aseguraba Sergio comparando la vuelta de hoy y la de ayer.
A partir del hoyo 11 empezó a apretar el sol de Georgia y Sergio siguió jugando bien. Hizo un gran birdie en el hoyo 12 desde cinco metros. Era un nuevo impulso a su ronda. Ya sobraba la ropa. Desde ese momento, jugó sólo con el polo amarillo. No hay supersiticiones que valgan, y menos en un Major cuyos colores de cabecera son el verde y el amarillo. En el 13, por acabar con el mal fario, salvó un par increíble y a punto estuvo de hacer birdie después de irse al agua. Sólido y fino con el juego corto. Sólo ha fallado una calle y ha tirado 25 putts. Cóctel explosivo en Augusta.
En el 15 caía un nuevo birdie fácil y remataba el 18 con un bogey doloroso, aunque menos, ya que se trata de un hoyo que se ha mostrado terrible. Fallaba el segundo tiro por la izquierda, un hierro 5 que nunca abrió lo que Sergio buscaba. Intentó un approach mágico, apurando al límite el contorno del green del 18, subiéndose lo justo por el inicio del primer corte de rough, buscando ese último aliento de Augusta que llevara su bola directa al hoyo. Sin embargo, de forma increíble, la pelota no bajó. Se quedó en el corte. Desde ahí, putt infernal. La rozó y se pasó un metro. Un bogey que no deja heridas.
Sergio ha encontrado la temperatura a Augusta. Entre sus primeros nueve hoyos y los segundos nueve bien podría haber un palo o palo y medio de diferencia. “En el hoyo 1 he pegado driver y hierro 6. Bromeaba con David Toms cuando íbamos por la calle: ¿te acuerdas cuando aquí pegábamos el wedge?”. Y añadió: “se ha notado mucho el cambio de temperatura. A partir del 11 ha empezado a hacer calor, pero no nos cuesta hacernos, estamos ya acostumbrados a cambiar las distancias sobre la marcha”, señala.
El jugador español se encuentra en perfecto estado de revista para el fin de semana. Su juego anda fino y se le ve relajado. “Ha sido una buena vuelta en condiciones difíciles y con un campo que no regala nada. A ver si seguimos así el fin de semana”, explica.
Sergio García tiene claro que si mantiene su nivel de juego, tendrán que bajarlo de ahí. Sea quien sea. “¿Miedo de alguien? Yo sólo tengo miedo de mí mismo”, asegura con una sonrisa en la boca y aún en manga corta.


