Inicio Masters de Augusta Masters de Augusta 2014 Jiménez paladea cada sorbo del Masters

Jiménez paladea cada sorbo del Masters

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Miguel Ángel Jiménez pega el drive en el hoyo 18 y su bola acaba en el límite izquierdo de la calle, a poco más de dos metros del público.

Rara vez se está más cerca de los aficionados en Augusta, salvo, claro, espantadas descomunales. Es el terreno que le gusta pisar a Miguel, a este Miguel que intenta disfrutar cada paso, que interactúa de forma constante con el público, que camina por Augusta con el pecho un metro por delante de sus pies y la barbilla alta. Orgulloso de lo que ha hecho y con poco o nada que demostrar.

El malagueño agarra la madera 7 y pega un golpe de alta escuela, en su línea. Se lleva la ovación del respetable y responde con una sonrisa y uno de esos comentarios que quedan grabados: «este es mi wedge». La frase arranca la carcajada general. Es una gracia, pero lo cierto es que ha dejado la bola mansamente en green, perfecta.

Jiménez está tranquilo y feliz, y por eso disfruta del contacto de la gente, lo provoca. Se encuentra en una encrucijada maravillosa. Sabe que todo lo que está llegando en su carrera es ya un premio, y así lo asume, sin pedirle muchas cosas más a la vida. Por eso, hasta se atreve a desafiar a un monstruo de la historia del golf como Jack Nicklaus. «Sé que ganó el Masters en el 86 con 46 años… Bueno, a mí se me da bien batir récords y soy de los pocos que lo puede hacer esta semana… Veremos», dice entre divertido y convencido.

No sólo se encuentra bien consigo mismo dentro y fuera del campo, su juego también anda fino. Lo demostró en la EurAsia Cup y en el Cadillac Championship, donde estuvo metido en la pelea hasta los últimos nueve hoyos. Además, valora por encima de todo que hace un año no pudo estar en el Masters por culpa de una grave lesión esquiando. No sabe cuántas balas más le quedan en la recámara y está dispuesto a disfrutar de cada una de ellas.

Miguel, este Miguel, deja que las cosas fluyan, que caigan por su propio peso, mansamente, sin forzar, como esa madera 7 del 18…

Jiménez, donde pone el ojo, pone la madera 7.