
José María Olazábal ya no aguantaba más en la casa.
Aún quedaban varias horas para salir a jugar, pero los segundos iban cayendo muy despacio, demasiado. Se vistió, cogió el coche y partió rumbo al Augusta National. Estamos a 10 de abril de 1994, es domingo, y Olazábal sale en los últimos partidos para ganar su primera chaqueta verde.
Este jueves se cumplirán veinte años de aquella hazaña y los recuerdos se van agolpando en su cerebro. Hay una buena cantidad de momentos inolvidables, y mucho más en Olazábal, que combina una memoria prodigiosa con una maravillosa manera de emocionar con su relato.
Chema podría elegir cualquier instante, da igual, el golpe en el tee del 1, el último putt, la ovación del 18, la imposición de la Chaqueta Verde, la alegría, la felicidad hecha golfista… cualquiera vale, sin embargo, Olazábal se lo piensa muy bien y no escoge al azar. Se queda con un momento íntimo, callado, sereno, de paz. Nunca olvidará aquella calma que precedió a la tormenta. Es un momento casi místico. El propio Olazábal lo cuenta en este vídeo con pelos y señales.
Han pasado veinte años y han cambiado muchas cosas, aunque a Olazábal hace ya algún tiempo que Augusta le dejó de sorprender. “Creo que han encontrado el equilibrio perfecto entre el desafío y la calidad de los nuevos jugadores y los nuevos materiales, así que seguirán así algunos años. Será un Masters típico”, avanza Chema.
Eso sí, que nadie cuente con él para estar arriba peleando por el triunfo. “No, yo no aspiro a nada, sólo voy a intentar disfrutar todo lo que pueda y si puedo hacer un papel digno, perfecto, sin más”, señala.
Y qué mejor manera de disfrutar entre golpe y golpe que echar la vista atrás y recordar aquella hora en el banco de la terraza del vestuario de jugadores, aquel domingo, aquel Masters del 94.


