Es domingo previo al Masters de Augusta. Día 6 de abril. Hay más bullicio del habitual. Se está disputando la tradicional competición de drive, chip and putt. El aperitivo del gran festín. Niños por aquí y por allá. Puños al aire, risotadas nerviosas, ceños fruncidos e incluso algún grito, no muchos, no crean, que los críos son bien aleccionados antes de entrar en el Augusta National.
De pronto, en los alrededores del hoyo 10, junto al putting green, se hace el silencio. Si acaso algún murmullo, un ligero codazo entre amigos, el flash de una cámara de fotos que sólo se saca del cajón para el Masters. Poco más. Está pasando Xander Schauffele. Va camino del tee para disputar su primera ronda de prácticas de la semana. Nueve hoyos.
Hace un año no se hacía el silencio cuando pasaba Schauffele y rara vez se producía un codazo entre amigos. Lo más probable es que hubiera pasado desapercibido, a excepción de algún cazautógrafos empedernido o sus primos venidos de Alemania.
Si pudiéramos subtitular los murmullos, dirían algo así: «mira, es Schofeli, o como se diga, el último ganador de Grande. El año pasado se llevó dos». El silencio que se crea a su alrededor es de respeto y expectación. Ya no es uno más en el circo del golf mundial. Ahora es un candidato al triunfo. Y la pregunta del millón es si realmente es un candidato, debido a sus dos victorias en el PGA y el Open, o si le tenemos que poner un asterisco por su año 2025 lastrado por una lesión de costilla que no le ha permitido hasta el momento recuperar su mejor nivel.
Schauffele es ajeno a todo eso que se dice y piensa a su alrededor. Se limita a pinchar en el tee del 10 y a disfrutar de las nuevas vistas. La caída de muchos árboles provocada por la última gran tormenta vivida en Augusta hace que el panorama sea muy diferente en este punto, mucho más abierto. Se ve casi la mitad del campo. Distinto. Una gozada.
Ese nuevo horizonte lo puede apreciar cualquier aficionado que haya estado antes en Augusta. Lo que ya sólo está al alcance de ojos bien entrenados, es lo que se ve a la izquierda de ese tee. Es lo que más mira Schauffele. Lo habla con su caddie. Apuntan cosas. La tormenta ha creado un nuevo hueco que antes no existía. «Tiene su riesgo, pero se puede tirar por ahí», asegura. Es quizá la gran novedad del campo. Una salida tradicionalmente al draw, pero de mucho draw, ofrece ahora una posibilidad distinta a los más valientes.

Schauffele le pega a la bola con el driver. No es el mismo del Valspar, ni del THE PLAYERS, ni de Bay Hill. Ha vuelto al modelo del año pasado. «Necesitaba estabilidad y confianza y me faltan repeticiones por la lesión para hacerme al nuevo palo, con la nueva cabeza. No he tenido tiempo. Prefería ir sobre seguro esta semana. Me siento mejor», afirma. Esta decisión forma parte de la nueva armadura psicológica y emocional que luce Schauffele con orgullo. Es un jugador empoderado.
Cierto es que su inicio de 2025 no ha sido el mejor. Arrastra un puesto 30º en el Sentry, 40º en el Arnold Palmer, 72º en el THE PLAYERS y 12º en el Valspar. Ha pasado todos los cortes para mantener viva su extraordinaria racha (60), pero no ha estado ninguna semana para ganar. Mantiene que le faltan repeticiones, pero no tiene ninguna duda de que está en Augusta para ganar el Masters. Respondiendo al título de este artículo, pues qué vamos a hacer con Schauffele, ni más ni menos que considerarlo como uno de los grandes favoritos.
Dudar de él a estas alturas sería cuanto menos un atrevimiento. Schauffele se encuentra ya en otra dimensión en el golf mundial. Sus dos victorias en el PGA y en el Open le otorgan otro estatus. Se lo cree y lo dice convencido. «Si estoy sano sé que lo puedo hacer muy bien y no he tenido ningún contratiempo con la costilla desde que volví ni he vuelto a pensar en ella. La gente puede decir lo que quiera, yo creo que puedo ganar», afirma rotundo.
Los dos majors del año pasado dan poder. Es el poder del que sabe que puede hacerlo y eso es más valioso que cualquier otra cosa. Te permite ganar un Grande, incluso, sin estar al ciento por ciento de tus capacidades. Es donde se encuentra ahora mismo Schauffele y donde están otros como Brooks Koepka, Jon Rahm o Scottie Scheffler. «Antes de ganar el PGA el año pasado, cada vez que tenía opciones de llevarme un Grande y no lo conseguía pensaba: estás muy lejos, tienes que trabajar mucho más. Después de ganar el PGA me di cuenta de que era mentira. Estaba mucho más cerca de lo que pensaba, pero por desgracia sólo te das cuenta después de ganarlo», asegura. Schauffele tiene muy claro que está muy cerca y por eso hasta bromea con los periodistas cuando le recuerdan algunos datos negativos: «¿Sabías que Justin Hastings (amateur que juega el Masters por primera vez) ha batido todos tus récords en la Universidad de San Jose State?». «Muchas gracias, de verdad, justo saber eso es lo que hacía falta para mi confianza», respondía Xander con una carcajada, como la de los niños del drive, chip and putt.
La sonrisa de la máxima confianza en uno mismo. Por supuesto que hay que contar esta semana con Schofeli, o como se diga.



