La cita es en el tee del 10. Cada uno con su película. Jon Rahm acaba de atender a la prensa, Josele Ballester se ha hecho los nueve primeros hoyos, Sergio García viene de su primer contacto con el campo de prácticas y José María Olazábal acaba de pegar su bola 6.325 de la semana, número arriba o abajo. Cada uno a lo suyo, pero sin olvidar las tradiciones. Son cuatro, como los mosqueteros, uno para todos y todos para uno. Los españoles siempre cuidaron de los españoles en el Masters de Augusta. Quizá por eso, entre otras cosas, desde el gran Seve Ballesteros, nuestro golf ha tenido tanto éxito en este maravilloso paraje. Seguro que por eso, entre otras cosas, los Chaqueta Verde, se cuadran cuando ven pasar a un español.
Los cuatro españoles juegan nueve hoyos juntos. Los nueve segundos. Media ronda de entrenamiento. La cita es sagrada. Ni a Jon, ni a Sergio, ni a Olazábal les faltan ‘novios’ para echar nueve hoyos en Augusta, pero lo primero es lo primero. Esto es el legado y nadie le falla a Seve. Así ha sido siempre y así debería seguir siendo hasta el fin de los tiempos por mucho que cambien las épocas.
La expectación es enorme. El partido se puede seguir, pero apenas se pueden ver bien los golpes. Hay que ir adelantándose y asumiendo que se van a perder momentos. Hay que elegir. Es un dilema continuo. Pero se disfruta. Al fin y al cabo es una vuelta de prácticas de leyenda. Se han juntado en un pequeño espacio de terreno cinco Grandes (cuatro Masters y un US Open), un récord de puntos de las Ryder Cup, un premio Príncipe de Asturias, un capitán campeón de la Ryder Cup con milagro incluido y un ganador del US Amateur. Y esto sólo a vuelapluma. Para colgar en un museo.
Olazábal y Sergio lo van disfrutando cada minuto, Jon también, aunque su semblante es más serio, más concentrado, nada por otro lado que no sea habitual en las rondas de prácticas del vasco en los Grandes. El examen difícil es para Ballester. Todo es nuevo para él y está rodeado de tres súper campeones. De tres ídolos. Tarea complicada. Sus drives monstruosos son protagonistas. Provocan asombro y risas. Una risa floja que significa: «¿pero tú realmente has visto eso?».
Josele supera la prueba con nota. Ha conseguido disfrutar, ha aprendido, pero no tiene la sensación de irse a la cama con una sobredosis de información. Ha escuchado a todos y ha digerido lo que realmente entendía que le podía ir bien. Se ha fijado más en Sergio que en Olazábal y Jon, más que nada porque es al que mejor conoce y porque siente que su golf es más parecido.
«He intentado tener los oídos bien abiertos. Primero, escuchar, y luego tratar de tomar la información de la manera en que creo que puede ayudarme. Soy bastante creativo y creo que eso encaja un poco con la manera en que Sergio aborda ciertos golpes. Siento que puedo identificarme más con él en algunos aspectos que con Jon, pero al final del día es información y se trata de cómo la aplicas cuando realmente importa. Fue algo muy especial, sobretodo alrededor del green. Todo el conocimiento que pudieron compartir conmigo fue muy valioso y ojalá pueda ponerlo en práctica el jueves y el viernes», asegura Josele con una tremenda madurez. No es aprender por aprender ni volverse loco, sino saber tomar la dosis correcta.
Como decimos, el primer examen, el de la vuelta de leyenda, está superado. Ahora le queda el segundo, todavía más difícil. Lo bueno es que lo sabe. Lo del jueves y el viernes. «Como dice Sergio, he intentado divertirme al máximo. Es un lugar único, especialmente para un amateur, así que trato de absorber todo lo que pueda. Con toda la gente que irá en mi partido, ya que juego con Scottie Scheffler el jueves y el viernes, si soy capaz de no distraerme con lo que pasa afuera y realmente abrazar el momento, creo que es cuando puedo jugar mi mejor golf». Ese es el objetivo y lo tiene claro a 36 horas de empezar el torneo.

