– A Rory no le importa dar la receta. Lo hizo ayer, durante la rueda de prensa que concedió como líder feliz y destacadísimo del Masters después de 36 hoyos. Esto es un resumen a nuestra manera, no son palabras suyas literales, aunque las pongamos entre comillas de declaraciones:
– “Vente y practica en el Augusta National ocho, nueve, diez días, durante las tres semanas anteriores al torneo. Pega muy duro desde el tee y juega habitualmente una sola bola, no valen los mulligans, cuenta los golpes y busca con determinación hacer resultado, registros bajos, visitando cuando toque lugares del campo más o menos tenebrosos, más o menos desconocidos, y aceptando con deportividad e interés el reto, porque cada golpe cuenta, como ya ha quedado dicho”.
– Continuamos con la receta:
“Después, aunque sólo cuente una bola, no quita para que al llegar a cada green trabajes concienzudamente cada aprochito, cada situación alrededor de green y, muy importante, cada putt. Finalmente, cuando llegue el momento de la verdad, el de la competición pura y dura, pincha la bola en el tee y… de verdad pégale duro, una y otra vez”.
– Conviene ahora mirar algunos números y darse cuenta de que Rory ocupa el puesto 90º de los 91 participantes en este Masters en la estadística de calles cogidas (no llega ni a la mitad: 13/28). Sólo Davis Riley ha cogido menos (9/28), pero claro, el estadounidense se ha ido a casa con tarjetas de 82 y 80 en el zurrón, último en la tabla, después de pegar treinta golpes más que Rory en 36 hoyos… En fin, Riley no lleva un buen año, aunque arrancara con un esperanzador sexto puesto en el Sony Open de Hawai, pero no es ningún don nadie: fue segundo en el PGA del año pasado, por ejemplo. También en 2025, sin ir más lejos, terminaba 22º en su primer Masters…
– Rory, también es verdad, dispone de más medios que la mayoría. Ayer comentaba de pasada que hubo días en estas tres semanas anteriores al torneo en los que llevaba a su hija al colegio, allá en tierras de Florida, y luego cogía el avión, se iba a Augusta, jugaba el campo (pegándole muy duro desde el tee) y regresaba a tiempo a casa para cenar con su mujer… Esta parte, la más ‘doméstica’, no la hemos incluido en la receta, pero es posible que también ayude lo suyo.
– El año pasado Rory ya fue uno de los que menos calles cogió. De los 53 que pasaron el corte él terminaba el 50º en la misma estadística, la de calles cogidas, pero al menos cazó más de la mitad (35/56). Este año, animado por el éxito, lo ha llevado al extremo. No importa dónde esté si mis wedges echan fuego…
– El plan de Scottie Scheffler ha sido distinto. Tampoco le fue tan mal en ediciones anteriores como para modificarlo demasiado, aunque el nacimiento de su segundo hijo le impedía competir antes de la cita en Augusta. El caso es que el Número Uno del mundo anda ya metido en una espiral que nos suena mucho a todos y que no indica nada malo, pero normalmente tampoco nada bueno: “hoy mi juego merecía mejor resultado”, repetía ayer una y otra vez después de entregar una tarjeta de 74 golpes y quedarse a doce de la cabeza, seguramente sin opción alguna ya de conseguir la tercera chaqueta verde. Aseguraba el texano que en realidad sólo había fallado un golpe, el segundo del hoyo 13… La realidad es que tampoco ha estado muy fino en algunas situaciones alrededor de los greenes, condición indispensable para mantener vivas las buenas inercias, mucho más en este campo.
– Rory ya estuvo una vez en una posición casi idéntica a la de esta semana. Fue cuando ganó su primer Grande, el US Open de 2011 en Congressional. En aquella ocasión marchaba con un acumulado de -11 y con seis golpes de ventaja sobre el siguiente. Terminaría ganando con una cómoda diferencia de ocho sobre el segundo. ¿Volverá a ocurrir algo similar? Como el golf es como es, tan puñetero, es probable que hoy, en la tercera ronda, el gran campeón norirlandés pase por algún momento más apretado y llegue a sentir que, en efecto, no estaba todo hecho, así que no cuesta nada esperar unas horas, a ver qué escenario se nos queda de cara al domingo.
– Él, por si acaso, también tiene clara la receta para este fin de semana. Le preguntaba alguien en la rueda de prensa, con mucho tino, qué le diría hoy el McIlroy de 2011, el de Congressional, al de hoy. Y esta era su respuesta (esta vez sí, de manera literal, la pregunta y la respuesta):
– Rory, ¿qué le aconsejaría el Rory de Congressional a este Rory sobre cómo proteger el liderato este fin de semana?
– No lo protejas. Sal y juega con libertad, sigue golpeando la bola. Esa fue una lección importante del Masters de 2011 al Abierto de Estados Unidos de 2011: no hay que ser demasiado protector. Sal y sigue jugando, sigue intentando hacer birdies, mantén la mayor confianza y compromiso posible.
– Qué fáciles se dictan las recetas. Luego hay que ponerse ahí. Todo es un poco más sencillo si te llamas Rory McIlroy.



