Para Jordan Spieth, el Masters de Augusta no es solo el torneo más importante del año; es un estado mental que ahora traslada a su natal Dallas. Sentado bajo las emblemáticas sombrillas verdes y blancas que definen el paisaje del Augusta National —esta vez en el AT&T Discovery District—, el campeón de 2015 reflexiona sobre cómo ha cambiado su vida desde que, con solo 21 años, se enfundó la Chaqueta Verde.
Para Spieth, la llegada del torneo marca un cambio estacional y emocional. «Parece que es el inicio no oficial de la primavera», comenta el golfista, señalando que, aunque el clima ya sea cálido en otros lugares, «realmente no cuenta hasta que, por la razón que sea, la primera semana de abril… empiezas a ver los avances del torneo apareciendo». Lo que comenzó como una competición de golf se ha transformado en algo más profundo: «Es un torneo de golf por la forma en que lo miro, pero se ha convertido en mucho más».
Este año, su bolsa de golf rinde homenaje a uno de los puntos neurálgicos de Augusta: el Gran Roble (The Big Oak) detrás de la casa club. En un mundo hiperconectado, ese árbol sigue siendo un refugio analógico. «Sin teléfonos, tienes que intentar averiguar dónde encontrarte como se hacía antes… es donde ocurre mucha actividad de negocios, pero también es simplemente donde la gente se reúne», explica sobre el diseño de su equipamiento para esta edición.
De joven a veterano de la nueva generación
A sus 30 años, Spieth vive un choque de realidad al observar a los nuevos talentos del PGA Tour. «Siempre sentí que era el más joven de la habitación durante mucho tiempo… y ahora realmente hay una generación ahí fuera que es como, ‘vaya, recuerdo cuando yo tenía tu edad'». Con asombro, se pregunta: «¿Cómo ha pasado tanto tiempo? Es una situación salvaje».
Esa veteranía se nota incluso en las rondas de prácticas. Aunque los jóvenes le piden consejo, Spieth aún guarda sus secretos bajo llave. «Algunos chicos están intentando jugar rondas de prácticas conmigo y yo digo: ‘Está bien, está bien, pero no vas a entrar en el libro de yardas de Michael'», bromea sobre su caddie, Michael Greller. «Son años y años trazando cosas… vamos a darle otros 8 a 10 años antes de que empecemos a abrir esa caja de Pandora».
La familia y el ‘caos’ del Concurso de Pares 3
La experiencia de Spieth en Augusta ha evolucionado drásticamente con la llegada de su esposa Annie y sus hijos Sammy, Sophie y Sully. El tradicional Concurso de Pares 3 del miércoles se ha convertido en un caos encantador. «Solía jugar el Par 3; ahora, para cuando llego al primer green, ya estoy descalificado. Alguien ha recogido la bola o ha pegado un golpe», confiesa entre risas. A pesar del desorden, valora estos momentos: «Tratamos de que se sienta como otra semana en la carretera, pero luego tienes todas estas tradiciones que la hacen tan diferente… es realmente genial».

Recuerdos de 2015: gritos y champán
Al recordar su victoria de 2015, Spieth describe la caminata por el hoyo 18 con una ventaja de cuatro golpes como «la caminata más genial de la historia en cualquier lugar que puedas tener en el golf». Sin embargo, su instinto competitivo lo mantuvo rígido hasta el final: «Tenía la cabeza baja, pensando ‘metela en el hoyo'».
La verdadera explosión de júbilo ocurrió al salir del club. “Recuerdo ir bajando por Magnolia Lane… bajé la ventanilla y empecé a gritar tan fuerte como pude, como un niño que acaba de encestar la canasta ganadora». Al llegar a su casa de alquiler, sus amigos lo recibieron con botellas de champán, ignorando las preocupaciones de su agente por la Chaqueta Verde. «Mi agente se estaba enfadando porque la chaqueta se estaba empapando… y yo decía: ‘No me voy a quitar la chaqueta, el champán está pasando ahora'». El resultado fue una prenda histórica con manchas de celebración: «Creo que la llevé manchada por dos o tres días».

Los secretos de la Cena de Campeones
Spieth también compartió detalles fascinantes sobre la exclusiva Cena de Campeones. En su debut como anfitrión a los 21 años, optó por una barbacoa tejana tradicional porque «los chicos mayores quieren algo simple… no quieren volverse locos». Confiesa que estaba aterrorizado en esa habitación: «Estaba súper nervioso porque… no sabía qué decirles a estos tipos». Aquella noche fue especialmente emotiva por ser la última de Arnold Palmer: «Mi cena resultó ser la última de Arnold Palmer… fue una cena muy especial y en ella se habló mucho de Arnold».
Sobre la dinámica actual de la cena, Spieth la compara con los años escolares: «Es como cuando estás en la escuela primaria y tienes una disposición de asientos… luego algunos profesores te dan asientos libres y todo el mundo acaba sentándose prácticamente en el mismo asiento todo el año». Siempre se respeta el espacio de leyendas como Jack Nicklaus, Tiger Woods o el fallecido Arnold Palmer.
El sabor de Texas en Augusta
No es casualidad que tantos campeones del Masters (Crenshaw, Hogan, Nelson, Scheffler, Reed, Spieth) sean tejanos. Spieth cree que se debe al terreno y al clima. «Juegas con el viento aquí, juegas en la hierba Bermuda; eso se transfiere bien, supongo… necesitas un poco más de tacto e imaginación para los golpes».
Para cerrar, Spieth revela sus favoritos personales del torneo:
Sándwich favorito: «Pimiento cheese» (queso con pimiento).
Mejor menú de campeón: El de Hideki Matsuyama por su «Wagyu y Sushi».
Mejor lugar para un espectador: La colina donde se ven los greenes del 6 y el 16.
Compañero ideal de prácticas: Justin Thomas. «Crecimos juntos… cada vez que estamos ahí fuera jugando rondas de práctica pensamos: ‘¿Qué tan genial es que estemos haciendo esto?'».
Con la mirada puesta en el futuro, Spieth admite que ya no ve su carrera como algo infinito: «Cuando empiezas piensas: ‘Oh, vamos a estar haciendo esto por 30 años’… Bueno, ahora estamos a la mitad del camino». Por eso, su enfoque ahora es disfrutar cada momento bajo las sombrillas.


