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La historia de Juanma Gómez y Alisha Saal, las otras caras españolas del Masters

El guardián del Amen Corner que nació en Badajoz

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Juanma Gómez y Alisha Saal, policías en el Masters de Augusta.
Juanma Gómez y Alisha Saal, policías en el Masters de Augusta.

Lo mismo revive a un zombi de fentanilo que atrapa una serpiente de cascabel con un cubo y unas pinzas. Lo mismo combate a la mafia irlandesa de Augusta que te detecta con una linterna azul el rastro de cocaína o marihuana. Su coche patrulla parece un parque temático contra la delincuencia. Se llama Juan Manuel Gómez, nació en Badajoz, trabaja en la policía de Grovetown, Georgia, y desde hace cinco años es uno de los guardianes del Amen Corner.

Juanma viste con camisa negra de manga corta y pantalones verde cargo de estilo militar. Pistola táser a la izquierda, de fuego a la derecha. La placa, colgando del cinturón. El nombre en la acreditación, una pulsera con los colores de la bandera de España en su muñeca derecha y el pin de la Federación Española de Golf lo delatan. Él no se esconde, hace patria y en cuanto detecta a un español no duda en iniciar una conversación. Llegó al Masters por amor y se acabó enamorando a primera vista del torneo.

«Estar aquí nueve días viendo a la élite del golf mundial competir en el campo más espectacular del mundo, ver amanecer en Augusta, cómo trabajan, la hospitalidad de las personas y de los trabajadores… todo. Es una experiencia única, algo que todo el mundo debería vivir una vez en la vida», asegura a Ten Golf con orgullo y un inequívoco acento extremeño. Las raíces no se pierden. «Igual, cuando me jubile, vuelvo a España, pero de momento aquí estoy muy bien, es una zona tranquila, la gente es muy hospitalaria y el trabajo está mucho mejor que allí», afirma.

Juanma nació en Badajoz y vivió su infancia en Montijo, un pequeño pueblo a medio camino entre Mérida y la capital pacense. A los 18 años se marchó a Rota, provincia de Cádiz, para ingresar en la infantería de marina y allí conoció a una marinera americana que al poco tiempo se convertiría en su mujer. Desembarcaron en Estados Unidos en Maine y hace unos años los destinaron a la base de Fort Gordon, en Georgia. Ya por entonces, Juanma había trabajado de policía y lo acabó convirtiendo en su principal ocupación. Su primera incursión en el Masters fue el sábado de 2017, el día antes de la victoria de Sergio García. Cumplirá 43 años el próximo viernes 10 de abril. «Llevo seis años celebrando en el Masters». Un flechazo.

Juanma llega a las cinco de la mañana a Augusta y nunca se va antes de las siete o las ocho de la tarde. Son muchas horas velando por la seguridad en uno de los lugares más míticos del golf. Se encarga de que no pase nada en la zona del campo donde más público se acumula. Es una responsabilidad y se la toma muy en serio. Así describe su misión: «Que la gente no eche carreras, que no haga vídeos en los días de campeonato, que no utilicen cámaras o dispositivos que no se pueden usar, que nadie se pase de la raya. Se trata de que todo el mundo pase un buen día sin molestar a nadie», describe.

El principal objetivo de los últimos años son las gafas inteligentes. Los días de prácticas se pueden usar y hacer fotos, pero no vídeos. Se les detecta fácil. «En cuanto ves a alguien moviendo la cabeza de manera un poco rara y lenta de un lado a otro, ya sabes que está haciendo un vídeo», señala. Lo primero es pedirle que lo borre y si es día de torneo le requisan las gafas y lo expulsan del campo. Las entradas fraudulentas son otro objetivo. Haberlas, haylas.

Por suerte, los problemas de seguridad en el Masters no van mucho más allá. Alguno que se ha pasado algo más de la cuenta con la bebida, una mujer el año pasado burló el cordón policial y se acabó metiendo en el campo por la puerta 5, aunque fue arrestada de inmediato y nadie se dio cuenta prácticamente de nada. Además, una vez, poco después del problema que tuvo Tiger Woods con su mujer, sobrevoló el campo una avioneta con un cartel que hacía referencia a Tiger de manera ofensiva. Localizaron la avioneta y pusieron al piloto a buen recaudo.

Todo en Augusta se lleva con sigilo y en secreto. Nadie desvela jamás la velocidad de los greenes, cuánto público accede cada día, el precio de las entradas en la reventa o cuántas personas integran la seguridad del Masters. «Uf, son muchísimas, no sabemos el número exacto porque no lo dicen, pero entre seguridad privada y policía hay una barbaridad. Tú no los ves, pero en cuanto hay un problema aparecen cinco seis policías», señala.

Juanma está en el Amen Corner y en el green del 18 nos encontramos con Alisha Saal, otra guardiana con sangre española. Nació en Londres por casualidad, ya que su padre, miembro de la Armada de Estados Unidos fue destinado allí un par de años. Sin embargo, a los dos años se fue a Rota, muy cerca de la patria jerezana de su madre y desde entonces no ha parado: Georgia, Italia, Rota y otra vez Georgia. El acento andaluz está marcadísimo. Impone el orden en el lugar donde se decide el Masters. Poca broma. «De pequeña cuando veíamos las películas en casa a mí me gustaban las que hacían de policías. Cuando vinimos a Estados Unidos ingresé en la academia de policía y hasta ahora. Cuando no es la semana del Masters, trabaja como policía dentro de una escuela, es muy tranquilo», explica. Es policía para Columbia County Board of Education

Alisha, de 31 años, también aspira a volver a España, aunque de momento no hay ninguna opción. Las condiciones laborales son mucho mejores en Estados Unidos. Y no sólo hablamos de la parte económica. En este sentido, Juanma aprovecha para hacer una reivindicación. «Aquí tienes más apoyo en general, estás más respaldado. No como en España. Allí muchos compañeros tienen miedo de hacer cualquier cosa, porque luego parece que siempre se le da la razón al criminal antes que al policía. Y tal y como está la situación, viendo lo que pasa día a día con Policía y Guardia Civil, los ataques, las narcolanchas, guardias civiles asesinados… y parece que no pasa nada. Aquí eso no pasa. Yo eso se lo cuento a mis colegas americanos y no se lo creen, se llevan las manos a la cabeza», señala.

Mientras esperan el momento de volver a España, no pierden la oportunidad de hablar con cada español que se cruza con ellos por el campo y, por supuesto, no fallan a la romería anual del Rocío que se organiza en Carolina del Sur. «Por lo visto, han montado también una especie de Feria en Atlanta, pero aún no hemos ido», cuentan. Las raíces son las raíces.