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Masters de Augusta | Segunda jornada | Tarjeta de 74 golpes del campeón del Masters

Las pesadillas de Sergio García

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Sergio García, durante la tercera ronda del Masters de Augusta.
Sergio García, durante la tercera ronda del Masters de Augusta.

Sergio García tiene pesadillas. Así, en plural. Unas son literales. Las otras, más complicadas, más preocupantes, son figuradas. Las dos tienen que ver con su golf. Ayer mismo tuvo una de las primeras. Después de la segunda ronda del Masters y tras pasar el corte, estuvo jugando un rato con sus hijos y con Angela, su mujer, se fueron a la cama y poco antes de las cuatro de la mañana se despertó casi con sudores fríos. No es una exageración. «Se me vinieron a la cabeza los malos golpes que había pegado, lo que venía por delante y lo que iba a ser capaz de hacer», explicaba hoy tras firmar su tarjeta de 74 golpes (+5 total) en la tercera ronda del Masters.

Las pesadillas figuradas tienen que ver con su situación en el golf actual y sus expectativas. Sergio no va a tirar la toalla, pero sí que empieza a darle vueltas a su carné de identidad, algo en lo que jamás había reparado. De pronto, es como si sus 46 años se le hubieran echado encima. «Quizá mis expectativas siguen donde estaban cuando tenía 25, 30 o 35 años, cuando era mucho mejor jugador de lo que soy ahora. A lo mejor hay que bajar esas expectativas. Igual acabas hoy con dos más y no está tan mal. Obviamente, como lo acabo, la sensación es mala, porque vas peleando ahí todo el día sin sentirte bien y al final lo echas todo a la basura en los dos o tres últimos hoyos. Es una pena, pero bueno», señala.

A Sergio le han empezado a entrar dudas en este Masters, aunque la mala sensación viene de unos meses atrás. No está seguro de que su golf esté ya al nivel de los mejores del mundo. El golfista de Borriol lleva casi 30 años saliendo a cada torneo con el único objetivo de ganarlo. No le valía otra cosa. A partir de ahora está empezando a pensar de que ese tiempo ya pasó. Es más, ha comenzado a hablar en pasado, como si fuera un jugador en la cuesta abajo de su carrera.

«Yo creo que, desafortunadamente, todas nuestras carreras van para arriba y para abajo. Y luego, cuando empiezas a hacerte mayor, ya empiezan a ir un poquito más para abajo. No sé si es lo que me está tocando a mí o si es un bache bastante feo», apunta. Esa es su pesadilla figurada. Sergio no quiere salir a los torneos a pasar el corte, a celebrar un top 25 o a calificar como una buena una ronda de par. Esa es su auténtica pesadilla. Eso es lo que debe superar porque de ahí vienen las otras.

No es la primera vez que Sergio atraviesa por un mal momento mental de este tipo. Le ha ocurrido en otras ocasiones, como en 2011, cuando cayó en picado en el ranking mundial, o un par de años antes de ganar el Masters, cuando señaló que quizá no tenía el juego para ganar en Augusta y que debía ir haciéndose a la idea de que jamás iba a ganar un major. De esos agujeros negros salió. Para él la diferencia es que entonces era más joven y, de nuevo, habla en pasado.

«Cuando gané el Masters tenía 37 años. Fue un poco diferente. Tuve la suerte de que me salió la semana y conseguí ganar mi grande. Pero al final es una pena, porque cuando miro mi carrera, no haber ganado un Open Británico la verdad es que me duele bastante, además con las oportunidades que he tenido. Pero desafortunadamente no nos sale todo lo que queremos en nuestras vidas. Afortunadamente, yo creo que he tenido muchas cosas que me han ido bien, empezando por la salud. Y nada, hay que seguir hacia adelante», recalca.

Lo primero que necesita Sergio es dejar de hablar en pasado. Sí, tiene 46 años, pero no es ningún jugador retirado. A esa edad ganó Jack Nicklaus su Grande número 18. Además, se encuentra muy bien de salud, se ha cuidado siempre físicamente y no ha tenido ningún problema físico importante. No hay ningún motivo para pensar que no le queda cuerda para rato. El mejor ejemplo para Sergio, el más cercano, por edad y por relación, es el de Justin Rose. Quizá no le vendría nada mal una charla con el inglés.

De las pesadillas se sale. Sergio necesita que alguien con cierta llegada a él consiga despertarlo y lo ayude a ver la realidad de otra manera. De una manera más objetiva.

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