
– Nadie ha remontado jamás en 89 ediciones del Masters más de siete golpes después de la primera ronda para enfundarse la chaqueta verde. Por tanto, según dicta la historia y salvo suceso legendario y morrocotudo (que tampoco debe descartarse al ciento por ciento, por supuesto), las tarjetas de 67 golpes de ayer de los líderes Sam Burns y Rory McIlroy dejan fuera de la ecuación a los Viktor Hovland (75), Bryson DeChambeau (76), Patrick Cantlay (77) o Jon Rahm (78). Y colocan en situación desesperada a otros como Collin Morikawa (74), Matt Fitzpatrick (74), Ludvig Aberg (74), Tyrrell Hatton (74) o J. J. Spaun (74).
La situación de estos últimos es poco menos que desesperada a ojos de la historia y la estadística porque sólo en tres ocasiones el ganador del Masters remontó siete golpes al líder después de la primera ronda. El último precedente, no obstante, es bien cercano: Rory McIlroy lo hizo el año pasado, el del Grand Slam Career, tras firmar un 72 el jueves, frente al 65 del líder, un tal Justin Rose, con quien terminaría jugándose el triunfo en un desempate.
– Mire usted qué curioso: Tiger Woods, en 2005, también remontaba siete golpes después de entregar un 74 en la primera vuelta, frente al 67 del líder, un tal Chris Di Marco, con quien terminaría jugándose el triunfo en un desempate…
– Para encontrar el tercer caso hay que irse a 1990. Aquel año Nick Faldo firmaba un 71 en la primera jornada, frente al 64 de Mike Donald, pero terminaría enfundándose su segunda chaqueta verde.
– Más numeritos que nos sirven para hacernos una idea de cómo trata el Augusta National a quienes arrancan empanados. Sólo en cinco ocasiones en la historia el ganador final remontó seis golpes después de la primera ronda. Lo hicieron, por ejemplo, Gay Brewer en 1967, Craig Stadler en 1982 y Jack Nicklaus en 1986. Los otros dos casos nos tocan muy de cerca, ya que José María Olazábal remontaba precisamente seis golpes en 1994 y Sergio García hacía lo propio en 2017.
– Sea como sea, el objetivo de Jon Rahm no puede ser otro ahora que seguir jugando el Augusta National como dicta el manual, sin arriesgar más de la cuenta y con la sana intención de enchufar algunos putts que disparen su registro y le permitan meterse en el fin de semana. Vaya estrategia simplona, ¿no? Es lo que hay, no le den muchas más vueltas, porque con los grandes ‘bonus’ (un purazo de eagle de 17 metros, como el de ayer de Reed en el 8; una bola embocada desde la arena, un chip prodigioso…) no se puede ni se debe contar a priori. Cabeza fría: es posible, incluso probable, que un 72 le sirva. Así que los pares siguen siendo buenos. Y hasta los bogeys, en momentos determinados. La paradoja suena casi ridícula en su precaria situación, pero es cierta.
– Y todo lo que fuera una tarjeta por debajo de 70 golpes del español incluso lo situaría en disposición de terminar dentro del top ten final, aunque parezca mentira, de cara a los 36 hoyos de sábado y domingo. Ganar ya no va a ganar, pero hay demasiada tela que cortar todavía como para perder tiempo lamiéndose las heridas o diseñando estrategias kamikazes.
– Cameron Young (+1, tarjeta de 73, a seis golpes de la cabeza) se ha puesto también en una situación peliaguda. El de Nueva York pasaba por el hoyo 9 con un parcial de +4 y, además, contraviniendo las normas del manual en jornada de jueves, se la jugaba en los hoyos 10 y 11 yendo en busca de unas banderas a las que sólo había que mirar de reojo… Esta vez le salía bien, pero el Augusta National lo va a estar esperando. De todas maneras, la reacción de Young, cuando realmente venía casi en barrena, con un parcial de tres menos por los segundos nueve, habla alto y claro de su excelente evolución. Él sale hoy a seis golpes de los líderes, como Chema y Sergio en su día…
– Scheffler ha comenzado mejor que bien. Ya está metido arriba y a tres golpes de la cabeza. Sin embargo, las cosas como son, algo hay que sigue sin funcionar de la mejor manera. Seguramente hoy es todavía más candidato a la victoria que hace 36 horas, antes del comienzo del torneo, porque está ya dentro del top ten, que es donde de verdad hay que estar ya el jueves si quieres ganar. Pero seguimos sin ver su esplendorosa versión de Número Uno intratable. Así de ‘estupendo’ solo se puede poner uno con tipos de la talla monstruosa de Scheffler. Y luego vienen ellos y te cierran la boca.
– Sergio ya no va a cambiar. Cualquiera le convence a estas alturas del rédito que suma el hecho de ser capaz de ver la botella medio llena en el deporte de alta competición, por malas que sean las sensaciones. Su 72 de ayer se puede analizar al menos de dos maneras. Una: he salvado el peor día con un resultado notable. Dos: realmente ha sido un milagro este 72 y la cosa sólo puede ir a peor. Sergio suele elegir la segunda opción y asusta pensar cuántos Grandes habría ganado de haber elegido siempre la primera. Cada uno es como es, pero se puede cambiar, evolucionar, y Sergio nunca se lo ha creído. Muy mal, en todo caso, no le ha ido, podría argumentar el capitán de los Fireballs… Y tendría razón.


