No hubo catarsis ni consuelo en el partido de los españoles este domingo en el Masters de Augusta. Tampoco era fácil que lo hubiera. Tanto Jon Rahm (+1) como Sergio García (+8) habían venido a Augusta con unos objetivos bastante más altos que salir en la última jornada en el tercer partido por la cola. Rahm, al menos, entregó una tarjeta de 68 golpes con siete birdies, un pequeño desquite aunque absolutamente insuficiente. No es que le sepa a poco, es que casi no le da valor.
“El balance de la semana es malo, bastante malo. Son tres años seguidos llegando al domingo sin opciones de nada. Sí, termina importando acabar con una buena vuelta, entre comillas, pero no es para eso para lo que uno entrena. A mí me gustaría tener opciones de ganar o, por lo menos, salir cerca y poder pelear. Terminar antes de que salgan los líderes fastidia bastante, así que no voy a decir muchas cosas buenas de esta semana», aseguraba el vizcaíno sin echar balones fuera y dando la cara como suele ser habitual. «Si al menos fuera la primera vuelta del año que viene, entonces quizá sí servía…», decía bromeando.
«No es para ESTO para lo que uno entrena. A mí me gustaría tener opciones de ganar o, por lo menos, salir cerca y poder pelear»
Rahm no quiere ni oír hablar de un posible síndrome en los Grandes. Son tres top 10 en los últimos ocho y, quizá lo más importante, ninguna opción real de ganar, más allá del PGA Championship del año pasado donde se asomó, aunque no llegó a estar de verdad en la pelea hasta el final. «No siento más presión que nunca. Todos tenemos la misma presión por querer ganar, sobre todo los que, en teoría, somos favoritos. Puede parecerlo desde fuera, pero no. Simplemente he jugado mal, afirma.
Sea como fuere, Jon sí que tiene una ambición lógica por estar de nuevo en la pelea, especialmente desde que se marchó a LIV Golf. Tiene el deseo enorme de demostrar que tomó la decisión adecuada y que no le ha afectado en su rendimiento en las grandes citas. Ahí sí que puede tener su influencia desde un punto de vista mental, aunque Rahm no lo ve de esta manera.
«La parte mental sigue siendo muy importante. En cualquier deporte lo es, igual que la preparación física, y en el golf todavía más, porque de las cuatro o cinco horas que pasas en el campo, la acción física ocupa muy poco tiempo. Es un trabajo continuo: a veces mejoras, a veces empeoras, a veces trabajas cosas que no funcionan y otras pegas saltos enormes hacia adelante», comenta.
Jon se ha sentido más cómodo hoy en el campo. Ahí están esos siete birdies para dar fe de ello. Ha pegado golpes muy buenos, como el segundo del 2, el segundo del 3, el segundo del 7, los dos primeros del 8, el aproach que ha metido desde fuera en el 9, el segundo del 11, el gran putt del 12, la recuperación del 13 tras irse al agua, el segundo del 14 (lástima que falló un putt corto) y el segundo del 15. Son muchos golpes buenos, aunque queda la rabia de no haber podido acabar bajo par, si siquiera al par.
Sergio García, por su parte, ha hecho 75 golpes en una jornada muy marcada por la rotura del driver en el hoyo 2 tras un calentón. Ha tenido que jugar el resto de la vuelta pegando la madera 3 desde el tee, un hándicap importante en un recorrido largo como Augusta. Ha estado recuperando y sufriendo más que dejándose opciones de birdie. Ha sido jugar a remolque, aunque en ningún momento se ha dejado llevar y ha seguido luchando.
Para Sergio termina una tortura, aunque asegura que aún queda camino por recorrer. «Lo primero es encontrar alguna buena sensación que pueda cambiar esta dinámica. No tengo pensado buscar a alguien que me ayude, a un entrenador, creo que es cosa mía, me conozco bien. Jugando con amigos o en la cancha de prácticas estoy pegando golpes muy buenos. Es cuestión de la competición, de encontrar algo», aseguraba al acabar.
«Lo primero es encontrar alguna buena sensación que pueda cambiar esta dinámica. No tengo pensado buscar a alguien que me ayude, a un entrenador, creo que es cosa mía, me conozco bien»
Esa es la búsqueda en la que estará inmerso en las próximas semanas. Es el paso siguiente. Ni siquiera piensa en otros objetivos como jugar el Open. «Primero tendría que clasificarme y lo voy a intentar, pero ahora mismo eso no es lo más importante. Hay que seguir, intentar encontrar alguna sensación positiva y ver si conseguimos enderezar un poco el juego. Ahora mismo está complicado, esa es la verdad, pero veremos de qué somos capaces».
En este sentido, Jon Rahm, su compañero de partido hoy en Augusta le echaba un cable. «Sobre Sergio, hablar de retirada me parece exagerado. Esas son cosas que se dicen en caliente. Sergio tiene todavía talento de sobra para competir donde quiera. Tiene calidad de sobra y sigue estando ahí. Si me pidieran un consejo, le diría que no diga más chorradas, entre comillas, de ese tipo y que se concentre en lo que tiene que hacer para volver a ese camino. A principios del año pasado jugó un golf increíble, de lo mejor que yo le he visto en su vida. Ese jugador sigue siendo el mismo, no está tan lejos de aquel Sergio. Ojalá se le pase, porque estoy convencido de que puede jugar muchísimo mejor de lo que ha mostrado hasta ahora».
Jon Rahm, sobre Sergio García: «Si me pidieran un consejo, le diría que no diga más chorradas, entre comillas, de ese tipo y que se concentre en lo que tiene que hacer para volver a ese camino»
Rahm y Sergio han estado hablando en diferentes momentos de la vuelta, aunque no demasiado. El instante por el que atraviesa García tampoco invita a ello y Jon lo sabe. La anécdota del día ha llegado en el hoyo 2, justo después de que Sergio rompiera su driver. El caddie de Rahm se ha quedado rastrillando el búnker de calle y el caddie de Sergio llevaba al hombro las dos bolsas, la de Sergio y la de Jon. García le ha cogido la bolsa de Jon y la ha llevado unos metros. Después se la ha dado a Rahm.



